Goliat entró pisando fuerte en Glasgow. Paco Gento, Alfredo Di Stéfano, Ferenc Puskás y compañía habían propulsado al Real Madrid a sus cuatro primeras Copas de Europa. La quinta, conquistada hace hoy exactamente 55 años, contra el Eintracht de Fráncfort en Hampden Park, parecía puro trámite.

David, sin embargo, tenía razones para no perder la fe. No en vano, los deportistas de Alemania occidental eran especialistas en conseguir grandes milagros. En un combate clásico de boxeo entre pesos pesados, Max Schmeling, acababa de sorprender al público del estadio de los Yankees, en el país de su rival, imponiéndose con un K.O demoledor al hasta el momento invicto Joe Louis. Fritz Thiedemann, con el purasangre Meteor, se había convertido en el primer (y hasta la fecha único) jinete que se colgaba la medalla olímpica en dos disciplinas ecuestres. Armin Hary había interrumpido la hegemonía estadounidense y se encontraba en camino de convertirse en el primer atleta que se colgaba el oro olímpico en los 100 metros desde 1928. Y la República Federal de Alemania, que había caído por 8-3 a manos de Hungría en la fase de grupos de la Copa Mundial de la FIFA de 1954, consiguió imponerse a aquel mismo equipo por 3-2 en la gran final de aquella edición, una victoria que pasó a la historia con el nombre de “El milagro de Berna”.

Las esperanzas del Eintracht se reforzaron cuando Richard Kress otorgó la ventaja al equipo en el minuto 18. Pero no tardaron en disiparse completamente. Canario puso en pie al público con una finta magnífica antes de centrar para Di Stéfano, quien igualó la contienda. A continuación, el argentino se hizo con un balón rebotado y puso por delante al Madrid. Justo antes del descanso, Puskás dio rienda suelta a su potencia de tiro y subió el 3-1 al marcador.

Gento maravilló a los 128.000 espectadores allí reunidos con su repertorio de virguerías y detalles técnicos, pero fue su velocidad supersónica el origen de los dos siguientes goles. Primero superó a su marca y le obligó a cometer un penal, que Puskás transformó. Después, el extremo español se internó por la izquierda y envió un centro para que el húngaro rematara de cabeza al fondo de las mallas.

Al cabo de una preciosa jugada, Puskás disparó un trallazo marca de la casa con el que puso el marcador en 6-1, antes de que Erwin Stein recortara distancias. Sin embargo, 13 segundos después de la reanudación, Gento, Puskás y Di Stéfano se combinaron a la perfección, y este último batió la meta rival con disparo imparable que se coló por la cepa del palo para restaurar los cinco goles de ventaja del Real Madrid. Ni siquiera otro tanto de Stein pudo empañar una de las actuaciones más espectaculares y sublimes de la historia del fútbol.

“Fue una exhibición prodigiosa y de una gran belleza”, recordaba Puskás años después. “El ambiente era impresionante: el estadio estaba lleno y todos los aficionados nos jaleaban a cada movimiento. El Eintracht no podía ni acercarse a nosotros. Fue una obra de arte”.

José Santamaría añadió: “No sé si volveremos a ver otra exhibición como aquella en una final de la Copa de Europa. Paco, Alfredo y Puskás los destrozaron. Ni siquiera el siete a tres refleja nuestra superioridad sobre el equipo de Fráncfort”.

Sigue siendo el resultado más abultado de una final de la Copa de Europa/Liga de Campeones de la UEFA. Sigue siendo la victoria más contundente en estos encuentros. Cinco títulos consecutivos sigue siendo un récord. Aquel Real Madrid y aquella exhibición extraordinaria seguirán siendo por siempre legendarios.