Pasión y compromiso eran los distintivos de Paul Elliott como jugador, y esas mismas características siguen destacando en su lucha por erradicar la discriminación. Lleva combatiendo en esta batalla desde que una lesión truncó prematuramente su carrera de central poderoso y resolutivo. El ex jugador del Pisa, Celtic y Chelsea se ha convertido en uno de los portavoces más elocuentes de la causa.

Elliott, de 48 años, fue investido Miembro de la Orden del Imperio Británico (MBE) en 2003 por su labor y se ha convertido en asesor de la Comisión por la Igualad y la Comisión por los Derechos Humanos del gobierno del Reino Unido. El ex jugador habla con el conocimiento de causa que le proporciona la experiencia, pues sufrió el racismo en sus carnes en los tres países donde jugó. Resulta muy alentador su convencimiento de que se han efectuado “grandes progresos” desde que colgó las botas. Elliott asegura que el fútbol ha sido y sigue siendo un vehículo fundamental para la erradicación de esta lacra social.

No obstante, en su conversación con FIFA.com, Elliott subrayó que siguen surgiendo nuevos retos, y señaló la indulgencia como el principal enemigo en la batalla continua contra la discriminación.

Paul, lleva haciendo campaña contra el racismo desde que se retiró del fútbol en 1994. ¿Se ha topado con muchos obstáculos y dificultades en ese trabajo? ¿Cuántos avances se han producido?
Ha sido extremadamente gratificante. En mi opinión, tenía la responsabilidad de utilizar mis propias experiencias para ayudar a lograr un cambio real, significativo y sostenible. Creo que la situación ha mejorado de forma notable. Se aprecia un progreso inmenso. Dicho esto, a todos nos quedan muchas dificultades por superar y debemos ser bien conscientes de ello.

¿Qué le enseñaron sus experiencias en el fútbol italiano, escocés e inglés sobre la lucha contra la discriminación en el fútbol?
Me di cuenta de que, si bien la cultura del aficionado difería entre estos países, el problema de base era esencialmente el mismo. Se trata de educar a la gente. Yo siempre digo que en este mundo hay siete mil millones de personas, y cada una de ellas ha nacido libre de discriminación y prejuicios. Son las influencias las que hacen que la gente se comporte de forma discriminatoria e inaceptable. Si bien he visto cómo ese tipo de conducta se manifestaba en el fútbol, también he comprendido que el fútbol, combinado con la educación y modelos de conducta positivos, es el mejor vehículo para conseguir un cambio real.

¿Es la universalidad del fútbol, y el hecho de que todo el mundo sea igual sobre el terreno de juego, lo que convierte este deporte en una herramienta tan poderosa?
Efectivamente. Cuando se pone un balón en el suelo, negros y blancos, cristianos y musulmanes, homosexuales y heterosexuales, todos nos sentimos atraídos hacia él de la misma manera y todos nos olvidamos de los prejuicios. Ése es el poder del fútbol. Me complace enormemente decir que el fútbol es muchísimo más integrador ahora que nunca antes. Está dando ejemplo y no siempre había sido así. El fútbol ya nos ha ayudado a superar muchísimas barreras, y estoy seguro de que seguirá teniendo la misma importancia en nuestro intento por solucionar los próximos retos que nos esperan.

El racismo se ha convertido en un tema candente en el fútbol esta temporada, especialmente en Inglaterra. Los incidentes que han generado tantos titulares podríamos calificarlos de, cuanto menos, decepcionantes, pero ¿diría que el debate que han suscitado resultará beneficioso a largo plazo?
Me parece que sí. Aparte de otras cosas, subraya el hecho de que, aunque ya hemos avanzado mucho, nos esperan muchos desafíos en el siglo XXI. Lo peor que podría pasar sería que la gente se volviera indulgente con el racismo. Ése es el peligro. Sin embargo, lo que ha ocurrido esta temporada nos demuestra que debemos plantar cara al problema con el mismo vigor que antes.

¿Qué opina de la contribución de la FIFA a la lucha contra el racismo?
La FIFA lleva a cabo un trabajo ingente y muy bueno en este apartado. Todo el mundo sabe que recientemente se publicó algún que otro comentario poco afortunado, pero eso no resta valor a la gran labor que la FIFA y el señor Blatter están haciendo, especialmente en África. Personalmente he colaborado bastante con la FIFA en el pasado, sobre todo con Federico Addiechi y Christian Stamm, y ambos son tipos excelentes de verdad. Les tengo en gran consideración y siento un gran respeto por ellos y por el trabajo que llevan a cabo. Hablando de liderazgo, la labor que la FIFA está efectuando a través de su equipo de Responsabilidad Social Corporativa realmente lidera el camino.

¿Dónde ve el próximo reto en la lucha contra la discriminación en el fútbol?
La homofobia es uno de ellos, y además muy importante. Es preciso que nos enfrentemos a ella igual que lo hemos hecho contra el racismo. Todavía existe lo que yo llamaría discriminación institucional en el fútbol. De hecho, en estos momentos estamos trabajando en una campaña que se llama “Fair Share”, cuyo objetivo consiste en obtener una mayor representación de las mujeres y las minorías en juntas directivas, comités, consejos y cuerpos técnicos. Estamos hablando de igualdad de oportunidades. Se trata de un desafío enorme, y me apasiona la perspectiva de aceptarlo.