Contra el racismo

Akide: "Todo el mundo puede jugar"

(African Football Media)
Denmark's Janne Rasmussen (L) has the ball stolen by Nigeria's Mercy Akide (C)
© Getty Images

Mercy Akide-Udoh, una de las primeras estrellas del fútbol femenino en África, fue pionera en muchos aspectos. Se caracterizaba por desplegar un sensacional juego ofensivo, y tuvo un papel destacado en la selección nigeriana, con la que disputó tres Copas Mundiales Femeninas de la FIFA™ y dos Torneos Olímpicos de Fútbol, y se adjudicó además tres títulos africanos.

En 2002, la CAF la eligió primera Futbolista Africana del Año, y en 2005 fue nombrada por la FIFA Embajadora para el Fútbol Femenino. Llegó a Estados Unidos para participar en la extinta WUSA, en su temporada inaugural, y fue designada mejor jugadora de la W-League en 2003, cuando condujo al Hampton Roads a la conquista del título. Después de colgar las botas, decidió quedarse en el país norteamericano para entrenar equipos juveniles.

Hace poco, la exjugadora habló con FIFA.com de su pasión por el fútbol y de cómo corresponder a lo que la vida le ha dado a través del deporte.

Mercy, ¿usted sufrió discriminaciones por ser una mujer que jugaba al fútbol?Yo no, pero las jugadoras de 1991 [en la edición inaugural de la Copa Mundial Femenina de la FIFA] franquearon una barrera, y luego llegamos la generación del 95. Mi gente siempre me ha apoyado. Tenía dos hermanos que siempre me animaban a jugar con ellos y con sus amigos en la calle. Sí que había un par de amigas a cuyos padres no les gustaba que jugasen, ni que tuviesen nada que ver con el fútbol, porque consideraban que era un deporte masculino. Y eran muy buenas, mejores que yo, pero al no tener apoyo tuvieron que dejarlo. El único problema que tuve era que la gente decía: “mírenla, parece un chico, no es una chica”. Estaba en forma, era musculosa, poco femenina. Eso era lo que decían de mí, pero no me importaba.

¿Cree que el surgimiento del fútbol femenino formó parte de un cambio social más amplio? ¿Por qué estuvo a la vanguardia en ese aspecto en África?En primer lugar, Nigeria es un país futbolístico. Nos encanta el fútbol, y creemos que cualquiera al que le guste el fútbol puede jugar. La gente vio que sabíamos jugar, así que nos animaron. Luego llegó una etapa en la que las mujeres se ayudaban entre sí, para sentirse bien consigo mismas, al descubrir que podían hacer cualquier cosa que se propusiesen. Ahora hay más mujeres en el gobierno, por ejemplo. Antes no había eso. Ahora las mujeres intentan ser no solo amas de casa. Aunque sigan preocupándose por sus hogares y por sus hijos, se dan cuenta de que, si quieren, pueden hacer más.

Y el fútbol femenino está creciendo en todo el continente.Todos los equipos están intentando ganar a Nigeria, y todos están progresando. Se apuesta más por las chicas. Eso será beneficioso para el Mundial. En África, hay muchas culturas distintas. Tenemos musulmanes y cristianos, y a todos nos encanta el fútbol. Hay musulmanas que se cubren el rostro y juegan al fútbol. Es el amor que hay por este deporte. Y hay más mujeres dedicando tiempo y energía para que también jueguen las niñas.

¿Qué supuso para usted ser una de las primeras mujeres africanas reconocidas que han jugado al fútbol a alto nivel?A mí me encanta el fútbol, así que siempre que había algún partido lo veía. Eran partidos masculinos, pero entonces las chicas empezaron a jugar, y a partir de ese momento siempre soñé y creí que podría ser jugadora profesional. Doy gracias por haberlo conseguido. Luego me dije: “puedo conseguir más”. Siento una gran pasión por el fútbol, y quería corresponderle con el talento que tenía: así me convertí en entrenadora.

Y desde que colgó las botas está entrenando en Estados Unidos...Las niñas me ven como un modelo. Yo puedo enseñarles, no solo fútbol, sino en otros aspectos de la vida. Yo también soy madre, así que entiendo lo que necesita un niño. Siempre he sabido que algún día volvería a casa, pero tenía la sensación de que podía compartir muchas cosas aquí, y había más oportunidades para ganar experiencia. En Nigeria tenemos talento, pero a veces no trabajamos para desarrollarlo. Me gustaría ayudar a la Asociación con ideas para mejorar el nivel de la liga femenina, que ahora está en mal estado.

¿De qué otras formas piensa en ayudar al fútbol femenino nigeriano?Intentaré ayudar a las chicas a conseguir becas en facultades estadounidenses. Así conseguí yo mi primera gran oportunidad, y ahora ha llegado el momento de que ayude a otras a alcanzar sus sueños. Cuando vuelva al país, en los próximos meses, pondré en marcha un programa llamado Play2Learn [“Juega para aprender”], en el que gestionaré campamentos para estudiantes de secundaria en Nigeria y elegiré a las que sepan jugar bien y tengan el nivel de cualificación adecuado para recomendarlas a entrenadores. Eso ayudará a atender una necesidad por ambas partes, ya que las facultades necesitan jugadoras de talento, y las jugadoras tendrán la oportunidad de recibir una educación al mismo tiempo que practican el fútbol. Ojalá que, con el tiempo, se extienda al resto de África.

Su nombre ha sonado como posible futura seleccionadora de Nigeria. ¿Es algo que usted contempla?Espero poder entrenar a la selección algún día. Quiero volver y ayudar a mi país con mi experiencia como futbolista y entrenadora. Sigo teniendo esa pasión.

Hace unos años hubo una polémica en Nigeria por unos comentarios despectivos sobre la homosexualidad. ¿A usted qué le pareció?Yo no sé a qué se referían. Después de entrenar y jugar con amigas en mis equipos, nunca vi eso ni sé nada de eso. Yo no me meto en las cosas de la gente. Es su vida. Yo no puedo decirle a otra persona que no se case, ni que vaya o no con alguien. No estoy en posición de juzgar ni de controlar a nadie. La función de una es jugar al fútbol, y punto.

¿Ha sufrido alguna vez algún otro tipo de discriminación?En realidad no. El único problema que tuve fue que, en mi país, no somos muy abiertos, y si no se tiene buena relación con el entrenador a veces él piensa que eres ignorante o que no prestas atención. A los africanos les resulta difícil venir a una cultura distinta y empezar a hablar y sentir que tienen algún control. Es como tratamos a los que son mayores que nosotros: no se habla con ellos a menos que se dirijan a uno. Pero entonces empecé a aprender que la gente es distinta, simplemente. Antes no lo entendía, pero ahora sí, porque me he dado cuenta de que no conocen mi cultura ni saben de dónde vengo.

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