Copa Mundial Sub-20 de la FIFA Canadá 2007

Copa Mundial Sub-20 de la FIFA Canadá 2007

30 junio - 22 julio

Copa Mundial Sub-20 de la FIFA 2007

Michael Bradley, el indolente impaciente

Para un jugador de menos de 20 años, parece descabellado hablar de experiencia. Sin embargo, al medio centro defensivo estadounidense Michael Bradley no le falta. Y es que, bajo su aspecto de chaval indolente, se esconde un chico con prisa que sólo vive por y para el fútbol. Debutó en la Major League Soccer con 16 años, en el fútbol europeo a los 18, y se estrenó con la selección absoluta a esa misma edad. Este espigado jugador de 1.85 metros y de penetrantes ojos azules, organizador y recuperador de balones fuera de serie, se ha confesado ante FIFA.com tras convertirse, en el espacio de una Copa Oro, en el motor de la selección estadounidense absoluta.

Hace menos de una semana, Bradley estaba celebrando la victoria de Estados Unidos en la Copa Oro. Apenas tuvo tiempo de acabar su copa de champán y ya estaba subido al avión. ¿Cansancio, momento para la distensión? Eso cabría pensar, pero no. "Me hace mucha ilusión estar aquí. Es una Copa Mundial; que llegue al final de una larga temporada no tiene importancia. Uno siempre está listo para superarse ante un acontecimiento así", afirmó con seriedad.

Seguro de sí mismo, el jugador norteamericano sabe que su fulgurante trayectoria con la absoluta "le obliga" con la sub-20. "Mi experiencia en la selección absoluta me confiere una responsabilidad en esta selección. Debo ejercer de líder y aconsejar a los jóvenes. Dicho esto, no me las voy dando de estrella. Es importante que me integre dentro de la plantilla y que sea un buen compañero", analizó con lucidez.

Thomas Rongen, su seleccionador en la sub-20, no escatima elogios para Bradley. "Se ha convertido en una figura en apenas unas semanas. Es un jugador que ha comprendido enseguida todos los aspectos tácticos del juego. A pesar de todo, sigue teniendo una capacidad excepcional para sacrificarse por el equipo. Es un jugador que siempre ha sido precozmente maduro".

En la Copa Oro, disputó cinco partidos con la selección absoluta, tras haber completado una buena temporada en el Heerenveen, de la primera división holandesa. Bradley, que emigró al fútbol europeo con 18 años, no critica el nivel del fútbol en su país. Simplemente, piensa en su futuro. "Jugué dos años en la liga estadounidense antes de marcharme a Europa. Sabía que tenía que dar ese paso para progresar. En el Heerenveen juego con mucha asiduidad; ésa es la mejor forma de mejorar. Es una ciudad pequeña, pero mi vida social no constituye un aspecto trascendental para mí", aseguró con una sonrisa. Imposible no creerle.

"No somos favoritos"
¿Cuál es la principal cualidad de la formación estadounidense? El espíritu solidario, evidentemente... Para este adepto del trabajo duro sin alardes, admirador de Roy Keane y Patrick Vieira, no es cuestión de ponerse en evidencia. "Nos conocemos todos desde hace mucho tiempo. Estamos muy unidos fuera del terreno de juego y eso es importante, pues influye en el espíritu de equipo", opinó. Y es cierto que la selección de Estados Unidos, con una combinación de jugadores jóvenes y otros ya con experiencia en la categoría, tiene posibilidades.

Una vez más, en este punto, Bradley vuelve a poner las cosas en su sitio, como un veterano. "Es cierto que el equipo tiene confianza en sus posibilidades. Sabemos que podemos jugar bien contra cualquier selección. Tenemos un buen equilibrio entre jugadores con experiencia y más jóvenes, así como una delantera de gran calidad. Estamos convencidos de que podemos llegar lejos, pero no figuramos entre los favoritos. Argentina, Brasil o España sí lo son; a nosotros todavía nos queda camino por recorrer".

El primer obstáculo, la República de Corea, parece al alcance de los norteamericanos, si bien conviene mantener la prudencia. "Antes decía que teníamos una buena delantera, ¡y ahora la cuestión será saber surtirle de balones! Y, por supuesto, ser una piña en defensa", resumió el medio centro defensivo.

En Bradley, todo rezuma madurez. Seguramente lo haya heredado de su padre, un tal Bob Bradley, seleccionador absoluto. Dicha situación, a priori, podría resultarle incómoda. De hecho, parece un poco molesto cuando se le hace la pregunta. "Estoy acostumbrado a estar a las órdenes de mi padre. Por supuesto, tiene su lado bueno y su lado malo, pero más allá de ahí no puedo decir que me quite el sueño. Cuando estoy en la selección, trabajo lo más intensamente posible para obtener el respeto de los demás jugadores y del seleccionador".

Eso no impide que el padre haya dado algunos consejos al chaval antes de viajar a tierras canadienses. "Me dijo que asumiera un papel de líder en esta selección, porque tengo una experiencia singular. También me recordó que se me ofrece una oportunidad muy especial de participar en una Copa Mundial y que, por tanto, tendría que aprovecharla jugando a mi manera".

Jugar es el credo de Bradley. No hay nada malo en decir que eso es todo lo que le mueve. "Mi vida es el fútbol, siempre he tenido un balón cerca de mí. Cuando no juego, me relajo, veo la televisión, navego por Internet y me preparo para el próximo entrenamiento. Y eso me gusta, tener el fútbol siempre en mi cabeza". Con una voluntad semejante, cabe apostar que el muchacho de Princeton podría llegar muy, muy lejos.

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