Fútbol femenino

Rompiendo barreras a los 8 años

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  • El caso Candelaria Cabrera marca un antes y un después
  • Una normativa iba a prohibirle seguir jugando con varones
  • Sus padres, jugadoras argentinas y ella impulsaron el cambio

- ¡Maaaaaaaa!... ¿¡Cuánto falta para que vaya a fútbol!?

El reclamo de Candelaria Cabrera es música para los oídos de su mamá Rosana, y no le importa que retumbe durante la charla con FIFA.com.

“Hoy retoma los entrenamientos y se puso una alarma para no llegar tarde”, cuenta a modo de confidencia, todavía feliz porque la historia de su hija tuvo el final deseado.

Candelaria tiene 8 años, juega para Huracán de Chabás -un pueblo de 9.000 habitantes de la provincia de Santa Fe-, y es la única niña que participa, entre cientos de niños, en la Liga Casildense.

En julio de 2018, el coordinador del club le dio a Rosana una noticia inesperada: Candelaria, que lleva en Huracán desde 2016, no iba a poder seguir jugando con sus compañeros.

“Como cada vez buscan a jugadores más chicos, hace un tiempo se redujo la edad para fichar por un club de los 12 a los 8 años. Tiene que ver con los derechos de formación”, empieza a explicar.

“Cande tenía 7 y se acercaba el momento de que fichara, pero no podía hacerlo porque no hay equipos femeninos en la Liga. Como tampoco podía seguir jugando con varones, quedaba varada. Podía entrenar, sí, pero no competir”.

Contárselo fue un drama. “Cuando se lo dijimos lloraba sin parar. ‘¿Por qué son tan malos? ¿Qué hice yo de malo?’, nos preguntaba. Estaba desconsolada”, continúa.

El amor de Candelaria por el fútbol “es fuertísimo”, recalca Rosana. “No soy futbolera, pero siempre seguí a Independiente. Ella salió fanática de Boca como el papá. Y la pelota siempre fue su juguete favorito”.

Tanto que, cuando la llevaron a hockey femenino sobre césped en Huracán, se la pasaba espiando la cancha de fútbol de al lado. “Un día fuimos a la plaza y cuando nos dimos cuenta, jugaba a la pelota con otros nenes que no conocía”.

Ahí Rosana se animó a llevarla a fútbol. “Tenía 5 años y me asustaba que se golpeara, pero también a que no la respetaran, que le dijeran cosas. Incluso algunas madres me decían: ‘No la lleves, la vas a marcar’, como si fuera algo malo”.

Cande se sintió feliz de lateral izquierda, y no le tuvo miedo a la pelota, a los rivales ni al qué dirán. “He oído a padres de los contrarios decir ‘no pueden perder con un equipo que tiene una nena’; ‘cómo vas a dejar que te saque la pelota una nena’, y cosas así... Pero también palabras de apoyo”.

Esa nena prefiere ver vídeos de Carlos Tevez por encima de Lionel Messi, y hasta incorporó ciertos vicios futboleros. “Un día ligó un pelotazo en la cara y tardó en levantarse. Me acerqué al alambrado y le pregunté si estaba bien. ‘Estoy haciendo tiempo’, me dijo. No sabía si retarla o reírme”.

Así las cosas, Rosana no se iba a quedar de brazos cruzados, y se asesoró sobre los posibles pasos a seguir. Además, canalizó su frustración a través de su cuenta de Facebook, sin imaginar lo que iba a generar: un sinfín de repercusiones en los medios que llegaron hasta las jugadoras de la selección argentina femenina.

“Primero le escribió Estefanía Banini, capitana del equipo, desde Estados Unidos. Después Ruth Bravo, también de la selección y de Boca. Las dos le contaron sus historias, que tenían puntos en común, y le decían lo mismo, que no se rinda. Esas cartas están ahora entre sus tesoros más preciados”.

La movida fue tal que Bravo, junto a otras futbolistas como Belén Potassa, mundialista en 2011 y delantera albiceleste que estará en Francia 2019, viajaron a Chabás para dar una clínica en Huracán. “Los mismos compañeritos del club le decían a Cande que no sabían que había una selección femenina”, confiesa Rosana.

A Candelaria, que cumplió 8 en septiembre, la dejaron jugar hasta fin año, momento en que hubo una asamblea de Liga Casildense para tratar su tema, generando un cambio de fondo. “Crearon un departamento de fútbol femenino, no habrá distinción de género hasta los 11 y los clubes podrán formar equipos de mujeres a partir de los 12. Ahí veremos cómo sigue, pero es un puntapié para más cambios”.

¿Cuál fue el impacto en Candelaria? “Primero convenció a la hermana, que tiene 6, que empiece a jugar. Y ahora piensa en qué haremos nosotros cuando se vaya a Boca”, dice Rosana entre risas.

De fondo suena otra vez la voz de Cande: “¡Maaaaaa!... ¿Dónde dejaste mis botines?”.

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