🇵🇪 Perú

Sandy Dorador, una referente con mucha historia

Sandy Dorador, Alianza Lima team player
© Others
  • A los 13 debutó en Primera y a los 15 en la selección
  • Tenía 17 cuando fue madre, pero siguió jugando
  • Su deseo, facilitarle el camino a las que vienen atrás

Cada vez que sus hermanos varones le piden algo de la selección o de Alianza Lima, Sandy Dorador se ríe. “¡Ahora sí, pero cuando quería jugar con ustedes de niña, no me dejaban!”, les contesta bromeando, aunque con un dejo de verdad.

Desde aquel entonces hasta hoy pasaron 25 años y un sinfín de cosas en la vida de esta peruana de 31 años. Hechos que moldearon su personalidad y la llevaron a convertirse en una referente del fútbol femenino de su país.

“Tenía 6, los veía jugar en la pista o en el parque y sentía que me gustaba. Yo deseaba estar ahí pateando la pelota, pero ellos no querían saber nada”, recuerda la delantera en exclusiva para FIFA.com.

“El machismo era grande, se discriminaba a la mujer en general, no solo a mi. Hoy la situación mejoró, pero quedan resabios contra los que peleamos”, agrega Dorador, cara visible de #QueremosSerVistas, un movimiento por la igualdad de género.

Lejos de desanimarla, aquella discriminación formó su resiliencia. “Tenía el apoyo de mi madre, y me escapaba a otro barrio a jugar con mis amigos. Así supe cuánto me gustaba y que era buena”.

Tanto que a los 10 ya la invitaban a sumarse a equipos de niños para participar en torneos barriales. “Algunos no querían por ser nena, pero los vecinos pedían por mí y al final jugaba”.

Sandy Dorador, Alianza Lima and Peru national team player
© Others

Jugadora y madre joven

Tenía 12 cuando una amiga la llevó a su primer club, la Universidad Católica, y 13 el día del debut en la Primera División. Pero no fue el mejor inicio. “Me ponían porque, por reglamento, necesitaban una manor de 15 en cancha. No estaba bueno”.

Seis meses después pasó al JC Sport Girl, “el club que se convirtió en mi segunda casa. Ahí crecí, salí campeona y hasta llegué a jugar la primera Copa Libertadores en 2009”. A los 13 la citaron a las selecciones juveniles de Perú, y a los 15 ya había debutado en la absoluta. Pero entonces, llegó la noticia menos pensada…

“Si ahora el fútbol femenino no es profesional, imagínese en ese entonces. En casa éramos 10 hermanos, y para ayudar a mi mamá, además de cargar bolsas o arena para los vecinos, jugaba torneos por plata”, recuerda.

“Un día hubo una final en un camal (matadero), me descompuse y vomité. Mi amiga me dijo que no era normal, que viera a un doctor. Jugué igual y ganamos un toro, que vendimos para dividirnos la plata”, relata.

Al día siguiente creció de golpe. “Me enteré que estaba embarazada de 4 meses. Había menos información, no conocía los síntomas. No sabía cómo reaccionaría mi familia, estaba en mi mejor momento: campeona en mi club, jugaba en la selección… Pese al miedo, nunca pensé en largar. Y tener a Ucuiel fue una bendición de Dios”.

Pelota, familia, presente y futuro

Dorador jugó las Copas América de 2006 y 2010, pero no las de 2014 y 2018. Una por ser mamá, la otra por trabajo. “Ya había dejado dos trabajos por la selección, y esta vez prioricé la familia. Eso dice mucho de fútbol femenino peruano,”, explica.

“Acá nos piden resultados, pero no conocen nuestra realidad, lo que hacemos antes de entrenar: si desayunamos bien, si trabajamos, si atendemos a los niños, si almorzamos bien… Hay que pensar en las más chicas, porque hay competencia pero no es profesional”, razona Dorador, quien hoy trabaja vendiendo ropa.

Pero Sandy, que también jugo en la selección femenina de futsal, es optimista. “La Federación nos apoya mucho más. Los Panamericanos 2019, que se hicieron aquí, nos abrieron una puerta grande, incluso si los resultados no fueron los mejores”, dice.

Hasta en lo futbolístico encuentra signos alentadores. “El brasileño Doriva Bueno nos cambió la mentalidad. No pensamos solo en defender contra las potencias, buscamos jugar. Con trabajo y tiempo, hay futuro”, fundamenta, más allá del freno por el COVID.

Dorador, que estudia para ser entrenadora pero también muestra curiosidad por el arbitraje, analizó el retiro en 2019, mientras estaba en Sporting Cristal. “Mi hijo me pedía más tiempo para él y su papá. Pero llegó la oferta de Alianza Lima, del que somos todos muy hinchas, y ellos mismos los que me dijeron que cumpla mi sueño”.

Ella devolvió la confianza como sabe: fue una de las goleadores del equipo en el último torneo y se convirtió en una de las caras visibles del Blanquiazul en el video promocional de las nuevas redes sociales del equipo femenino.

"Alianza es uno de las clubes que más invierte en la actividad, y aunque no sea profesional, nos paga viáticos durante la pandemia. Mi camino hasta aquí fue muy lindo, pero también difícil y largo. Ojalá que historias como la mía sirvan para que el camino de las que vienen atrás sea más fácil”.

Dorador y…

Referentes mujeres. “En la vida, mi mamá. En el fútbol, Marta. Jugué contra ella en la primera edición de la Libertadores, y desde entonces la admiro”.

Qué clase de delantera es. “Tengo olfato de goleadora, pero también garra y levanto el ánimo de mi equipo, odio perder. Soy una especie de Paolo Guerrero o Luis Suárez”.

Un gol inolvidable. “Dos. Mi hijo Uciel, y uno como capitana de la sub-20 el 4 de enero de 2006, en mi cumpleaños, de palomita para ganarle 1-0 a Uruguay”.

Otras cosas que le gustan. “Escuchar música, sobre todo salsa mientras limpio o cocino, y cocinar. Dicen que tengo buena sazón y hago un buen seco de pollo”.

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