Durante toda la historia del fútbol, se han marcado muchos goles desde el mediocampo, pero ninguno en un escenario tan grandioso como el que firmó Carli Lloyd en la final de la Copa Mundial Femenina de la FIFA Canadá 2015™ contra Japón. Al fin y al cabo, su espectacular diana selló un histórico triplete que desembocó en el tercer título mundial de Estados Unidos.

Muchos aficionados posiblemente no sean conscientes de que Lloyd estuvo a punto de dejar el fútbol por completo al final de su carrera como jugadora universitaria, lo que hace que su hito de Vancouver resulte más increíble e impresionante si cabe. La estrella de Estados Unidos se convirtió en la primera jugadora que firmaba un hat trick en la final de un Mundial femenino, y emuló a Geoff Hurst –héroe del triunfo de los hombres de Inglaterra en 1966– como el segundo futbolista en hacerlo en la final de cualquier Mundial.

“Han sido años y años de preparación”, afirma Lloyd a FIFA.com. “Al principio del campeonato no lo estaba haciendo tan bien como podría. Creo que estaba intentando ser demasiado perfecta y eso no pasa en la vida real. Nadie es perfecto”.

“Una vez que tuve esa fe y confianza que iba adquiriendo con cada partido del Mundial, al final fui capaz de salir simplemente a jugar y lograr que pasasen cosas, sin pensar demasiado en lo que tenía que hacer”, añade.

Estados Unidos y Japón disputaban una reedición de la final de 2011, cuando Japón se impuso en los penales de un duelo con mucha carga emocional, pocos meses después del devastador accidente nuclear de Fukushima. En Canadá, las Barras y Estrellas estaban ansiosas por poner fin a una sequía de 16 años sin ganar el título, mientras que las Nadeshiko pretendían prolongar su propia dinastía. Ambas selecciones, asimismo, albergaban la esperanza de despedirse de sus respectivas leyendas con un trofeo, puesto que tanto Abby Wambach como Homare Sawa estaban en vísperas de retirarse.

Más nervios en la boda que antes de la final
Ambas selecciones habían ido metiéndose poco a poco en el campeonato, donde ganaron muchos de sus encuentros por la mínima (una clara muestra del desarrollo del fútbol femenino). Se podría decir, no obstante, que el combinado de Jill Ellis encaraba la final con la moral más alta, tras imponerse por 2-0 en semifinales a una potente Alemania en Montreal. Japón, por su parte, había doblegado ajustadamente a una valiente Inglaterra en Edmonton, gracias a un desafortunado autogol en el tiempo añadido de Laura Bassett.

“Me desperté antes de sonar mi despertador”, recuerda Lloyd sobre la mañana de la final. “De hecho, salí a hacer carrera ligera durante 15 minutos por las calles de Vancouver. Estuve recorriéndome las calles y la zona. La noche precedente fue una de esas noches donde duermes bien y descansada, pero seguí despabilándome y pensando en el partido. La verdad, estaba preparadísima. ¡Debo decir que probablemente tuve más ansiedad y nervios el día de mi boda que el de la final del Mundial!”.

Lloyd, desde luego, estaba enchufadísima. A los 5 minutos, ya había remachado a gol dos envíos a balón parado, con sendas acciones en las que exhibió su instinto y su capacidad de anticipación. En el minuto 14, Lauren Holiday marcó el tercero de Estados Unidos con una volea, tras un despeje fallido de la defensa nipona. Y entonces, ocurrió.

Tras interceptar un pase erróneo de Japón en el mediocampo, Lloyd se giró con un toque, dio otro para eludir a Rumi Utsugi y, tras alzar la vista, enganchó un disparo con la derecha en cuanto el balón rozó la línea de mediocampo.

“Fue una fracción de segundo”, explica Lloyd. “Fue instintivo. Cada partido que juego, siempre estoy mirando para comprobar dónde está la portera. Estaba muy adelantada. Cuando el balón salió de mi pie, supe que no podría haberle pegado con mayor perfección. Fue como si estuviese jugando en el parque con mis amigas y, simplemente, dio la casualidad de que lo intenté en ese momento”.

Cualquier otro día, Ayumi Kaihori podría haber parado el disparo. Sin embargo, la osadía de Lloyd en ese momento pareció hacerle perder el equilibrio. Retrocediendo a trompicones, la arquera japonesa alargó la mano a la desesperada para tocar el balón, pero sus esfuerzos fueron en vano. El ímpetu que había desencadenado Lloyd fue demasiado para Kaihori y Japón. A los 16 minutos de una final mundialista, Estados Unidos vencía por 4-0; una situación inconcebible al darse el saque inicial.

Un disparo 'marca Lloyd'
“No creo que se lo esperase para nada”, opina Lloyd. “Hoy en día, un montón de guardametas juegan mucho con los pies. Tienden a abandonar su posición bajo palos y subir unos metros. No creo que pensase en absoluto que alguien fuese a rematar desde ahí”.

A finales de 2015, su tanto fue uno de los diez nominados al Premio Puskás de la FIFA, el galardón concedido al mejor gol del año. Aunque no ganó, Carli sabe perfectamente que sellar un triplete en la final de un Mundial afianza con creces su posición en la historia del fútbol mundial.

“Creo que lo genial de esto es que todos recuerdan ese disparo y ese partido. Casi se ha convertido en un referente: el ‘disparo de Carli Lloyd’ como el disparo desde el mediocampo”, asevera.

“Después estuve recibiendo todo tipo de mensajes de niños pequeños, adultos, chicos… y estaban intentando el ‘disparo de Carli Lloyd desde el mediocampo’. Está genial, porque la mayoría de la gente no lo intentaría, pero entonces, yo lo hice. Y eso, sencillamente, le da a la gente una perspectiva diferente de que, si no lo intentas, nunca sabrás si podrás hacerlo”, concluye.