La guardameta canadiense Sabrina D’Angelo estaba efectuando ejercicios de calentamiento en Rochester, preparándose para jugar con el Western New York Flash contra el Sky Blue FC. En una sesión de tiros rápidos a corta distancia, sintió que algo no funcionaba cuando la mano izquierda se le quedó inmóvil en el momento de realizar una parada. A pesar del dolor, pidió un simple vendaje. Jugó, y su equipo acabó imponiéndose por 5-2.

Cuando se le pudo hacer un examen detallado, se constató una lesión mucho más grave de lo que pudiesen suponer los hinchas del equipo neoyorquino de la NWSL (National Women’s Soccer League) aquel día 21 de mayo. D’Angelo jugó con la muñeca izquierda fracturada. Por si no lo sabíamos, es zurda.

En vista de que el Torneo Olímpico de Fútbol femenino Río 2016 iba a empezar en menos de tres meses, y que el pasado sábado regresó a los terrenos de juego para vestir los colores de Canadá en la segunda jornada del Grupo F, estamos ante una clara prueba de superación de esta deportista de 23 años. Durante la intervención quirúrgica a la que se sometió, se le insertó un tornillo en la mano.

“Cuando me lesioné, no creí que fuese a ser posible. Pero cuando los médicos me dijeron que había una posibilidad, me operé enseguida y conservé el optimismo. Si había una opción, apostaría por ella”, explica a FIFA.com, después de estrenarse en las Olimpiadas en la victoria por 3-1 de su país sobre Zimbabue, en São Paulo.

La arquera supo un día antes del partido que iba a ser alineada por el seleccionador, John Herdman, quien a todas luces nunca dudó de su recuperación. En el debut de las norteamericanas, contra Australia, la titular fue Stephanie Labbe, internacional desde 2008. “Hice todo lo que pude para recuperarme cuanto antes, aun sin tener claro que pudiese volver a tiempo”, afirma. “Y también tuve un buen equipo de apoyo, que me ayudó a estar lista”.

Crédito a favor
Sabrina ya había formado parte de las categorías inferiores de la selección canadiense y participado en dos Copas Mundiales Femeninas Sub-17 de la FIFA, además de una Sub-20, la de 2012, de modo que Herdman seguía atentamente su progresión. Estaba jugando a un buen nivel con el equipo neoyorquino, y en marzo fue convocada para la Copa del Algarve. Allí se distinguió especialmente en los partidos que las suyas ganaron ante Brasil y Bélgica.

El técnico inglés no dudó de que volvería. “Es una de las personas más positivas que he conocido nunca. Tiene esa presencia dentro y fuera de la cancha”, señaló en una entrevista con Canadian Press. A finales de junio, un mes después de la lesión, la incluyó en la lista definitiva.

En su opinión, valía la pena apostar por ella, y más aún sabiendo que no podría contar con Erin McLeod, titular en el último Mundial y baja desde marzo, por una lesión de rodilla. “Por desgracia, la lesión de Erin fue mucho peor que la mía. Yo al menos he conseguido volver a tiempo, y estoy muy agradecida por eso. No siempre pasa”, reconoce.

Contra Zimbabue, Sabrina no tuvo mucho trabajo. Pero podemos imaginar lo que le pasaba por la cabeza, además de sus obligaciones dentro de la cancha. “Cualquier experiencia en un partido oficial es positiva. Aunque sea un partido como este, atípico, en el que no se interviene mucho, pero una tiene que estar atenta. Procuré involucrarme todo el tiempo. Por desgracia llegó ese gol, del que no estoy orgullosa”.

Canadá suma dos victorias, y el miércoles se mide con Alemania en Brasil, en la última jornada. Sabrina no sabe si volverá a tener una oportunidad o si será Labbe quien vuelva a formar bajo palos. Para ella, el simple hecho de estar en condiciones de jugar ya supone un triunfo personal. Se limita a ofrecer al equipo su energía positiva, pensando más allá, tras la dolorosa eliminación de la Copa Mundial Femenina de la FIFA™ sufrida el año pasado.

“Hay que seguir adelante. Tenemos una buena combinación de veteranas y novatas, con la misma mentalidad: buscar el podio que no logramos en 2015”, dice. “Y estoy convencida de que lo conseguiremos”.