Copa Mundial Femenina de la FIFA Francia 2019™

7 junio - 7 julio

Copa Mundial Femenina

El resurgir de "Ribbons" Raso

© Getty Images
  • Hayley Raso regresó selección tras una grave lesión de espalda
  • La australiana quiere estrenarse en el Mundial Femenino en junio
  • “Me lesioné y me preguntaba: ‘¿Podré volver a caminar?”

Pocas jugadoras habrán tenido que recorrer un camino más arduo que el de Hayley Raso para llegar a la Copa Mundial Femenina de la FIFA Francia 2019™.

Esta pequeña extremo de la selección australiana es célebre por la garra y la resistencia que muestra dentro del terreno de juego. Sin embargo, se vio obligada a llevar al límite su determinación a raíz de lo ocurrido el año pasado, en una fracción de segundo que le cambió la vida. Durante un partido con el Portland Thorns, un grande de la NWSL, se desplomó dentro de la cancha después de sufrir un choque que apenas le permitía moverse.

“Sentí muchísimo dolor”, recuerda Raso al contar aquel episodio a FIFA.com. “En ese momento no me di cuenta exactamente de lo que sucedía, ni de lo que me había pasado [en la cancha], solo sabía que no era nada bueno, para nada”.

En medio de ese terrible dolor, los pensamientos se agolparon en su cabeza. “Durante la primera hora estuve asustadísima”, continúa. “Desde el momento de la lesión hasta que llegué al hospital, todo fue una incógnita, no sabía lo que significaba. Yo me considero bastante resistente al dolor, sinceramente, pero no concebía que pudiese estar sintiendo tanto”.

“Me sacaron una ecografía y reveló que me había roto tres vértebras, eso fue muy duro. Lo recuerdo como si fuese ayer”.

“Cuando escuchas la noticia de que alguien se ha roto la espalda, piensas que ya no va a poder caminar ni llevar una vida normal. Yo me la había roto y me preguntaba: ‘¿Podré volver a caminar?”.

Su madre, Renaye, estaba viendo aquel partido en una pequeña pantalla de ordenador en casa de su familia, en Gold Coast, y tomó casi de inmediato un vuelo a Washington, donde pasó el siguiente mes ayudando a su hija en el duro proceso de rehabilitación.

“Al principio no me daba cuenta de lo dura y complicada que iba a ser la recuperación”, afirma Raso, quien admite arrastrar todavía secuelas psicológicas. 

“La gente no entiende que está el aspecto físico, que fue durísimo, por supuesto, con todo, desde vestirse o ducharse hasta poder tumbarse en la cama, y también el psicológico, porque lo pasaba muy mal al imaginarme que volvía a jugar y llevaba otro golpe”, explica. 

“Es una pelea diaria. Creo que [la salud] es algo que asumimos que vamos a tener siempre, y no nos damos cuenta de lo rápido que podemos perderla”.

Después de viajar con la selección australiana a Canadá 2015 sin llegar a entrar en juego, Raso —o “Ribbons” (“cintas”), como se la conoce cariñosamente por los adornos que siempre luce en el pelo— se mentalizó para superar el duro proceso de rehabilitación fijándose como meta actuar en la cita mundialista de este año.

Después de regresar a los campos con su club en enero, Raso, de 24 años, se enfundó de nuevo la elástica de su selección la semana pasada, y lo hizo causando sensación.

Tras una ausencia de siete meses con el combinado verde y oro, la velocísima atacante firmó un gol sensacional a los tres minutos de juego, repitiendo así lo que había logrado en su regreso con el club, en el que marcó a los 18 minutos.

“Estoy muy entusiasmada por esta oportunidad, me he marcado el objetivo de jugar en el Mundial”, dice Raso. “Después de todo por lo que he pasado, sería fantástico poder desplegar mi mejor fútbol en un Mundial, cuando hace ocho meses no podía caminar, ni siquiera moverme”.

Raso, que ha hecho un paréntesis en sus estudios de técnica de emergencias sanitarias para dedicarse al fútbol, es una persona muy querida tanto entre sus compañeras como por los hinchas.

Tanto, que recibió el premio de la afición del Portland Thorns en 2017, un galardón especialmente significativo, habida cuenta de que este equipo de la costa noroeste del Pacífico de Estados Unidos se enorgullece de ser el club con mayor respaldo del fútbol femenino.

“Es increíble ver cómo anima el público y el profesionalismo que hay en el equipo. Salir a jugar delante de 21.000 personas es algo asombroso, y oír que corean tu nombre mucho más aún”, reconoce.

“Portland es una ciudad que vive el fútbol, la gente te reconoce por la calle. Es como si fuese otro mundo”.

Y no cabe duda de que se trata de un amor plenamente correspondido.

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