En las semifinales del Torneo Olímpico de Fútbol Masculino Helsinki 1952, Hungría llegó al descanso con un 3-0 a favor ante Suecia. Así las cosas, Zoltan Czibor entró en el vestuario rebosante de satisfacción por su excelente desempeño en la primera mitad. Motivos no le faltaban. En el minuto 1 de juego había servido en bandeja a Ferenc Puskás el 1-0, a continuación vio como el astro magiar estrellaba un potentísimo cañonazo en el larguero tras conectar con un certero centro suyo y después otro de sus brillantes pases, que iba dirigido al infalible pie izquierdo del “comandante galopante”, se convirtió en gol en propia puerta del sueco Gosta Lindh.

Czibor esperaba felicitaciones y parabienes, pero lo que recibió fueron críticas. Y en concreto de uno de sus propios compañeros. “Me dijo que dejara de enviar centros rasos a Puskás, y que si hubiese centrado alto más a menudo habríamos marcado más goles”, explicó Czibor. “Puskás era el mejor jugador del mundo. No creo que nadie más se hubiese atrevido a discrepar”.

Sin embargo, la voz discordante hablaba con conocimiento de causa. Czibor le hizo caso y empezó a alternar los centros rasos con los altos. Aquel valiente que se atrevió a llevar la contraria justificó su enfado en el vestuario con dos goles en el triunfo final de los suyos por 6-0. Dos dianas que contribuyeron a que ese mismo jugador colgara las botas con el increíble registro de 75 tantos en 68 partidos internacionales, y casi 100 goles más en su cuenta personal que el brasileño Dario, segundo en la lista de los mejores cabeceadores de todos los tiempos. Estas cifras pasmosas explican por qué Sandor Kocsis tenía la autoridad y el peso específico suficientes como para desafiar al mismísimo Puskás.

Lazslo Budai, otro fenomenal pasador en aquel equipo de ensueño, rememoró posteriormente: “Puskás tenía el mejor pie izquierdo, y Kocsis era el mejor rematador de cabeza que he visto. Lo malo era que cuando centrábamos el balón siempre teníamos que decepcionar a uno de los dos, porque uno lo quería raso y el otro alto. Lo mejor era que si el centro les llegaba bien, nueve de cada diez ocasiones se transformaban en gol”.

Nunca ha habido nadie que jugara mejor de cabeza. Se elevaba muy bien y aunaba una gran potencia con una precisión milimétrica.

Gusztav Sebes, ex entrenador de Kocsis

Una sana rivalidad
De hecho, la rivalidad entre Puskás y Kocsis empezó mucho antes de que este último se enfundara por primera vez la camiseta de Hungría, y continuó hasta que ambos dijeron adiós a la selección nacional. Kocsis, quien además de ser majestuoso en el aire también era muy potente y diestro con ambos pies, debutó con el Kobanyai en 1946, a la edad de 17 años. No obstante, enseguida llamó la atención del coloso húngaro Ferencvaros. Cuando se consolidó como delantero titular, en la temporada 1948/49, comenzó su particular pugna con Puskás, que entonces militaba en las filas del Honved. A lo largo de esa campaña, Puskás, dos años y medio mayor que Kocsis, sumó 46 goles y su rival 33, y a la siguiente el cómputo ascendió a 31 y 30 respectivamente.

Gusztav Sebes seguía con atención el desarrollo de los acontecimientos. El seleccionador húngaro estaba convencido de que el Wunderteam austriaco de los años 1930 y la selección italiana que conquistó en dos ocasiones la Copa Mundial de la FIFA™ en esa misma década habían dado con la fórmula del éxito. Y es que el once inicial de Austria estaba compuesto en su mayoría por jugadores provenientes de unos pocos clubes, mientras que el grueso de la Nazionale Azzura lo conformaban futbolistas del Juventus.

Sebes ansiaba que sus titulares también jugasen juntos cada semana, y cuando Hungría pasó a ser un estado comunista, en enero de 1949, no dejó escapar la oportunidad. El Ministerio de Defensa asumió el control del Kispest, el club del ejército, que a partir de entonces cambió su denominación a Honved. Gracias a la influencia de Sebes, el conjunto, que ya contaba con los servicios de Jozsef Bozsik y Puskás, incorporó a sus filas a talentos como Kocsis, Gyula Grosics, Gyula Lorant, Budai y Czibor. El resultado fue poco menos que espectacular, tanto para el club como para el país. El Honved conquistó cinco títulos de liga entre 1949 y 1955, mientras que sus hombres conformaron la base del electrizante combinado húngaro.

Favoritos, y con razón
Los “magiares mágicos" se colgaron el oro en Helsinki 1952. Un año después se adjudicaron la Copa Internacional (en la que participaban las selecciones centroeuropeas más poderosas de la época) y dieron la sorpresa ante la aclamada Inglaterra con un triunfo por 3-6 que los convirtió en la primera nación de fuera de las Islas Británicas que lograba salir victoriosa de Wembley. Y por si eso fuera poco, a los seis meses de aquella gesta volvieron a vapulear al mismo rival en Budapest, en una clase magistral que se saldó con un contundente 7-1.

Con semejantes antecedentes, no es de extrañar que Hungría abordara la Copa Mundial de la FIFA 1954 como clarísima favorita. En la primera fase no defraudó y pasó como un vendaval por encima de sus rivales del Grupo 2, la República de Corea (9-0) y la República Federal de Alemania (8-3). Kocsis, por su parte, vio puerta en tres ocasiones contra los asiáticos y en dos frente a los europeos. A continuación, los pupilos de Sebes dejaron por el camino a Brasil y Uruguay por idéntico resultado (4-2), con otras dos dianas en cada cita obra de “la cabeza de oro”. Ya en la final, que Puskás jugó lesionado, Hungría sufrió una de las derrotas más inesperadas de la historia del certamen. Su rival, Alemania occidental, remontó contra todo pronóstico un 0-2 en su contra y se proclamó campeona del mundo en el Wankdorfstadion.

Aquella resultó ser la única derrota de los “magiares mágicos” en los 49 encuentros que disputaron entre 1950 y 1956, el año en el que la Revolución Húngara provocó la abrupta disolución de uno de los equipos más extraordinarios y atractivos de la historia del fútbol internacional. Tras una breve estancia en el Young Fellows suizo, Kocsis siguió la estela de varios de sus compañeros exiliados y recaló en España.

Su momento culé
Allí pasó a ser la punta de lanza del formidable Barcelona de Ladislao Kubala, Czibor, Luis Suárez y Evaristo. Por desgracia para el astro húngaro, su antiguo compañero en la vanguardia del Honved se incorporó al aún más formidable Real Madrid de la época, junto a José Santamaría, Luis del Sol, Francisco Gento, Raymond Kopa y Alfredo Di Stéfano. Así, mientras el prolífico Kocsis contribuyó a que el Barça conquistara dos ligas consecutivas y la Copa de Ferias durante sus siete temporadas en el Camp Nou, Puskás y el resto de los Merengues cosecharon nada menos que cinco Copas de Europa consecutivas.

Puskás tenía el mejor pie izquierdo, y Kocsis era el mejor rematador de cabeza que he visto.

Lazslo Budai, ex compañero de Kocsis y Puskás

Kocsis también tuvo el codiciado trofeo continental al alcance de la mano en 1960/61. En la primera ronda, el Barcelona se convirtió en el primer club que consiguió imponerse al Real Madrid en la competición. Y aunque estuvo al borde de la eliminación en las semifinales, el dorsal número 8 surgió en el último suspiro entre dos defensas del Hamburgo y forzó el desempate por medio de un potentísimo remate de cabeza que fue a parar a la esquina inferior de la red. En la final, contra el Benfica, Kocsis adelantó a los catalanes en el marcador, de cabeza, naturalmente, pero los lisboetas se rehicieron y terminaron por llevarse el gato al agua por 3-2.

Kocsis tuvo que conformarse nuevamente con el segundo puesto en el Wankdorfstadion y en el olimpo de los grandes jugadores húngaros, donde siempre estará detrás del legendario Puskás.

Sebes dijo en una ocasión: “Nunca ha habido nadie que jugara mejor de cabeza. Se elevaba muy bien y aunaba una gran potencia con una precisión milimétrica. Además era un delantero muy completo, que sabía mantener el balón y podía rematar con ambos pies. Nunca se rendía, y marcó muchos goles, algunos cruciales justo en el último suspiro. Era un jugador extraordinario, uno de los mejores que he visto. Su rendimiento en 1954 merecía el trofeo”.

Sin embargo, en su caso no es cierto aquello de que nadie recuerda al segundo. Una media internacional de 1,10 goles por encuentro (algo inaudito para cualquier futbolista con más de 43 convocatorias en su haber) y más de 400 goles de cabeza a lo largo de su carrera garantizan a Sandor Kocsis un lugar destacado entre los mejores delanteros de la historia del deporte rey.