Río de Janeiro es la viva estampa del fútbol brasileño. En sus calles, parques y amplias playas, grandes y pequeños se divierten jugando con un balón en los pies. En ella han nacido futbolistas de fama mundial, como Jairzinho, Zico, Ronaldo y Romario, por nombrar tan sólo a unos cuantos.

Cuatro de los clubes más importantes de Brasil tienen su sede en la Ciudad de las Maravillas: Botafogo, Fluminense, Vasco da Gama y Flamengo; este último con la mayor hinchada de todo el país: más de 30 millones de seguidores.

El fútbol es como una religión para los cariocas y su templo es el mítico Maracaná, de propiedad estatal, sin duda el estadio más famoso del mundo, y antaño también el mayor. El Maracaná, que lleva oficialmente el nombre de estadio Mário Filho en honor de un famoso periodista deportivo, se inauguró poco antes de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 1950 y albergó cinco de los seis partidos que disputó la selección anfitriona en dicha competición, incluida la aciaga derrota por 1-2 a manos de Uruguay en la gran final. Aquel calamitoso fracaso del 16 de julio de 1950 ("el Maracanazo", como gusta en llamar Uruguay, la selección campeona) será por siempre recordado en Brasil como un desastre nacional.

El Maracaná ha sido renovado para la Copa Mundial de la FIFA 2014, para mejorar la calidad de sus instalaciones que seguirán siendo las de mayor capacidad en Brasil con 75.117 localidades.

El Engenhão, que fue construido para los Juegos Panamericanos de 2007 y que también será utilizado en los Juegos Olímpicos de 2016, es el estadio del Botafogo. El Vasco es el propietario del São Januário, un recinto construido en los años 20 y que fue el estadio más grande del país antes de la inauguración del Maracaná.