Meazza y la tragedia griega

Giuseppe Meazza of Inter Milan

Todos los grandes viajes comienzan con el primer paso. Actualmente, las naciones anfitrionas de la Copa Mundial de FIFA™ dan ese primer paso en el partido inaugural de la competición, pero en 1934 las cosas eran muy distintas. El domingo 25 de marzo de 1934 se celebró un encuentro realmente excepcional: Italia disputó un clasificatorio para el Mundial, la única nación organizadora de la competición que ha tenido que pasar por dicho trámite.

Cuatro años antes, con Europa hundida en una crisis económica, 13 selecciones participaron en la Copa Mundial de la FIFA Uruguay 1930 por invitación, sin la necesidad de someterse a un proceso de clasificación. Sin embargo, cuando llegó la hora de organizar la competición en Europa, el interés por el certamen se había disparado hasta tal punto tras el éxito de la edición inaugural que hubo que recurrir a una fase preliminar para reducir a 16 participantes los 32 equipos invitados.

La competición de clasificación empezó en junio de 1933 y duró hasta la celebración del último encuentro (un Estados Unidos - México) curiosamente tan sólo tres días antes del 27 de mayo de 1934, fecha en la que arrancó la fase final. Dos meses atrás, la nación anfitriona había tenido que batirse contra Grecia por el derecho a jugar en el certamen.

A pesar de que Italia había caído derrotada en un amistoso con Austria un mes antes y Grecia se había impuesto a Bulgaria en febrero, los griegos no llegaron al clasificatorio con el cartel de favoritos. Italia llevaba una racha de imbatibilidad que abarcaba los siete encuentros disputados en 1933, mientras que la victoria de Grecia sobre Bulgaria era la primera que conseguía la selección desde diciembre de 1930, una sequía que duraba ya 11 partidos.

La Italia de Vittorio Pozzo apareció ante los 20.000 aficionados congregados en el San Siro con el temido Giuseppe Meazza en el once inicial. Aquella tarde, Meazza no decepcionó. En honor a las gestas del delantero en las filas de la selección, el estadio recibiría posteriormente su nombre. También otros integrantes de aquella alineación inscribieron sus nombres en la historia del fútbol italiano, y seis de los componentes del equipo que se midió con Grecia serían titulares 77 días después en la gran final del Mundial disputada en Roma.

Los locales dominaron la contienda desde el saque inicial y quebraron por fin la resistencia griega en el minuto 40 por mediación de Anfilogino Guarisi, un italiano nacido en Brasil. Justo antes del descanso, Meazza asestó a los hombres de Apostolos Nikolaidis un duro correctivo, que los dejó realmente tocados y les puso muy cuesta arriba la segunda parte.

Circunstancia inusitada
Durante el descanso se produjo una circunstancia inusitada: el mediocampista del Juventus Giovanni Ferrari sustituyó a Nereo Rocco. Aunque, en la actualidad, las sustituciones nos parecen lo más normal del mundo, entraron a formar parte del reglamento en la década de 1950 y, por consiguiente, lo más probable es que una lesión grave obligara a Rocco a abandonar el encuentro.

De la participación de Rocco en el partido cabe resaltar sobre todo el hecho de que los 45 minutos que pasó sobre el terreno de juego en su única inclusión en la selección italiana constituían el requisito mínimo que exigía el país para convertirse en entrenador de fútbol. El entonces mediocampista del Trieste llegaría a conquistar éxitos tremendos como técnico del AC Milan en las décadas de 1960 y 1970. Rocco ganó con el club dos Copas de Europa y alcanzó fama mundial como uno de los primeros exponentes del catenaccio, un estilo de juego que dejó una huella indeleble en el fútbol.

En la segunda parte, el suplente Ferrari amplió la ventaja de Italia, y Meazza redondeó la aplastante victoria minutos después. Daniil Danelian contribuyó al suplicio de los suyos al marrar un penal mientras Italia cabalgaba desbocada hacia la holgada victoria.

Al igual que para la mayoría de los clasificatorios, se había programado un partido de vuelta, que debía disputarse en Atenas. Sin embargo, los griegos renunciaron, desanimados por el duro revés que habían recibido de Meazza y compañía en Milán.

Dos de los goleadores de aquella victoria en el clasificatorio se convirtieron en hombres decisivos para las aspiraciones de la selección de Pozzo en la fase final. Ferrari batió la puerta de Estados Unidos en el partido inaugural y logró el empate en el primer choque de cuartos de final contra España. Meazza también vio puerta contra Estados Unidos y marcó el gol de la victoria en el partido repetido de cuartos contra los españoles.

Posteriormente, la FIFA decidió que los anfitriones de los futuros Mundiales se clasificaran automáticamente, empezando por Francia en 1938. Los héroes del triunfo contra los griegos escribieron un nuevo capítulo en la historia futbolística de Italia muy poco después: Ferrari destacó en el equipo Azzurro que capitaneó Meazza durante la gran final de 1938 contra Hungría, donde Italia volvió a levantar el trofeo Jules Rimet.

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