Copa Mundial de la FIFA México 1986™

31 mayo - 29 junio

Copa Mundial de la FIFA 1986™

Batista, una roja de segundero

© Getty Images

José Charly Batista tiene 54 años y su físico robusto y bajo despeja cualquier duda: fue marcador de punta. Uruguayo hasta la médula pero de estilo brasileño. Sin demasiada habilidad pero ultraofensivo, con un ida y vuelta bestial y una pegada espectacular desde afuera del área. Hizo más de 60 goles en 24 años de carrera. Nunca fue un defensor violento, al punto que un entrenador en Argentina le preguntó una vez si era el único uruguayo que no pegaba patadas. Pero irónicamente se lo recuerda mundialmente por una. La de la expulsión más rápida de la historia de la Copa Mundial de la FIFA™.

“Trabajo en una escuelita de fútbol y dirijo un equipo amateur, así que enseguida salta. ‘¿Sabés quién es este? A este lo echaron’. Y enseguida agarro el teléfono y pongo la jugada”, le cuenta Batista a FIFA.com sentado en un bar de Buenos Aires. La jugada fue ante Escocia el 13 de junio de 1986 en el estadio Neza, de México, en el último partido del Grupo E con ambos jugándose la clasificación a octavos. Pita el inicio el francés Joël Quiniou y en un par de parpadeos hay lateral para los escoceses. Arthur Albiston busca con las manos el pique al espacio de un compañero por el centro y…

- Queda una pelota larga en tres cuartos y yo, lateral izquierdo, salgo a cruzar mucho mejor que él. No me acuerdo cómo se llama el escocés…

- Gordon Strachan.

- Eso. Strachan no llega, llego yo primero bien. Él mete el pie por detrás pero yo con la pierna izquierda y la cadera lo tiro. Yo pensé que él me iba a tirar a mí, que iba a llegar bien armado. ¡Pero no es que yo me tiré en tijera! ¡Fui y chocamos!

Iban 38 segundos y el escocés se revolvía en el césped. “Me aseguré de que al recibir el impacto no tuviese el pie plantado en el suelo así que no fue tan malo como podría haber sido”, le detalló Strachan a The Telegraph. “(Cuando) Batista se me acercó dije ‘Oh, no, aquí vamos’. Pero no pensé que fuese tan pronto”.

La roja y el utilero incrédulo
Quiniou se acercó a ver cómo estaba el pelirrojo y procesó en instantes todo lo que había visto y escuchado en la previa de su debut mundialista como árbitro principal. “Muchos partidos ya se habían jugado, así que tuve tiempo de analizar los encuentros previos y escuchar los consejos y observaciones hechos por el comité arbitral”, explica el francés a FIFA.com

“El comité consideraba que los árbitros estaban siendo demasiado indulgentes en faltas que ponían en riesgo la integridad física del oponente y que no eran sancionadas con suficiente dureza. Escuché lo que decían y me preparé bien para ese evento tan excepcional para mí. Era un sueño hecho realidad”.

Sin dudar –“tomé mi responsabilidad porque no podía dejar ese acto sin sancionar”-, Quiniou se dio vuelta, encontró a Batista todavía sentado y sacó la roja. Iban apenas 52 segundos de partido. 

“Me quería morir”, dice Batista. “No era mi intención entrar en el Libro Guiness. No porque sea el inicio del encuentro vas a dejar de dar un penal o sacar una tarjeta roja si está justificada y yo percibí una falta no controlada lo suficiente por Batista”, explica el árbitro. De tan rápida que fue, a Strachan le da hasta para bromear: “Hasta el día de hoy no tengo ninguna pista de cómo era. No le vi la cara nunca”.

El utilero uruguayo sí sabía perfectamente cómo era Batista y cuando lo vio entrar en el vestuario no daba crédito.

- ¿Qué hacés acá?

- Me echaron.

- ¡¿Cómo te van a echar si están tocando el himno todavía?!

“Tuvo que pararse en el banco y mirar hacia la cancha para creerme”, cierra la anécdota Batista, que estaba desolado. “¿Sabés lo que era mi cara? Me cayó la emoción”, dice sin usar el verbo llorar. “No estaba acostumbrado a que me echaran y me sentía muy mal. Un representante de Uruguay que le pasen esas cosas. Te entran todos los miedos”.

Pero en el entretiempo recobró bastante el ánimo. “Llegó la banda y ‘Vamos, Charly, lo sacamos adelante, no pasa nada’. Fue una energía bárbara conmigo y para lograr clasificar en los 45 que quedaban”. El 0-0 final hizo el resto: “Clasificamos y ya me tranquilicé del todo”.

El cuchillo en la espalda
Fue la sensación del momento porque en realidad la acción lo mortificó durante varios años. “Al principio por la falta de experiencia me molestaba. Cuando me lo decían los rivales acá en Argentina, en Deportivo Español, sabés que quieren sacar ventaja y no les das bola. Pero cuando era en Uruguay me dolía. Estás en un bar o vas a una entrega de premios y te das cuenta que están murmurando. 'Es el que echaron en el Mundial 86 en un minuto'. Y decís: ‘¡Sáquenme el cuchillo de la espalda que me están matando!’. Los miraba como diciendo ‘ya está’. Hice goles en todos lados, salí campeón sudamericano y panamericano con Uruguay, le hice un golazo a Chile en las eliminatorias para el 86... Pero bueno, a medida que pasa el tiempo lo vas superando y ahora no me molesta”.

Igual le queda un sabor algo amargo por lo que entiende es “una injusticia” en su carrera. “Arranqué a los 16 años y terminé a los 40. Estuve sólo dos veces en el banco, jugué siempre. Debo tener tres o cuatro expulsiones en mi carrera”.

Por eso tampoco acepta lo dicho por Albiston, aquel del lateral a Strachan previo a la falta: “Nos pegaban cuando teníamos la pelota y cuando no la teníamos también. Es el equipo más cínico contra el que jugué”.

“El jugador uruguayo siempre fue bravo, pero hoy ves pisotones, codazos, cabezazos. Nosotros éramos agresivos, fuertes, pero no mala leche. Lo mío era máximo una amarilla. La vas a ver 20 veces y sí, fue una jugada fuerte, pero es una amarilla. Hubo peores. Con eso ya me condicionaba y estaba con la soga al cuello para el resto del partido. Pero no una expulsión directa. Hoy la miro de nuevo y no es clara. Me gustaría poder verla mejor para poder cambiar de opinión y decir ‘sí, tuvo razón el árbitro’”.

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