Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014™

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12 junio - 13 julio

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Beckerman, el guerrero 'rastafari'

US footballer Kyle Beckerman(C) jogs during a training session
© AFP

Cuando Estados Unidos se mida con Jamaica en Kansas City este viernes, no será ninguno de los Reggae Boyz quien luzca el mejor estilo rastafari de la cancha, sino un centrocampista norteamericano, Kyle Beckerman.

“Siempre me ha gustado el aspecto de las rastas”, explica riéndose a FIFA.com Beckerman, un mediocampista de garantías que está brillando últimamente a las órdenes de Juergen Klinsmann con las Barras y Estrellas, aunque insiste en desmentir que sea un rastafari encubierto. “Por suerte, o por desgracia, supongo, da la casualidad de que tengo un pelo que se anuda bastante rápido si no lo peino”.

Resulta difícil no fijarse en Beckerman, y no solo por su melena rebelde. Es un volante tenaz y combativo, que sube para abastecer de balones a atacantes como Landon Donovan y Clint Dempsey. Muchas veces se ha restado valor a su trabajo describiéndolo como un simple destructor de juego, u otro hombre de contención más, pero posee sutiles dotes para la creación, y es capaz de enviar pases mortíferos desde una posición retrasada.

Estas cualidades no han pasado desapercibidas para Klinsmann, quien ha convocado al futbolista, de 31 años, con mucha más regularidad que seleccionadores anteriores. “No hay mejor profesional que él”, ha declarado el alemán, cuya confianza en Beckerman se ha visto recompensada con sensacionales actuaciones en la campaña triunfal de la Copa Oro de la CONCACAF. “Su entrega es total, y no pierde nunca la concentración. Siempre que salta al campo ya se sabe lo que va a dar”.

Una gran actuación ante México
El mes pasado ofreció su mejor desempeño en 32 internacionalidades, al sustituir al lesionado Michael Bradley, astro del Roma, y contribuir al triunfo por 2-0 sobre México, acérrimo adversario de los estadounidenses. Esa victoria certificó el pase de Estados Unidos a la que será su séptima Copa Mundial de la FIFA™ consecutiva. “Hubo un ambiente increíble”, dice Beckerman, que anuló en Ohio a los jugadores mexicanos más peligrosos en un alarde de dinamismo. “Clasificarse así, venciendo al mayor rival ante un público estupendo, fue algo sencillamente asombroso. Después de marcar el primer gol, vimos que ellos bajaban la cabeza, y supimos que estaba sentenciado”.

Beckerman también sabe lo que se siente al caer derrotado en ese duelo de rivalidad, tras participar en la final de la Copa Oro de 2009, disputada en Nueva York, y que se saldó entonces con un humillante 5-0 a favor de México. “Me alegro de que estemos en nuestra posición actual, y no en la suya”. La confianza de los estadounidenses se está disparando, mientras que los mexicanos podrían no haber tocado fondo todavía. Les quedan dos complicados partidos por delante, sin tener garantizada su presencia en la cita mundialista del año que viene en Brasil. “Esto demuestra lo alocado que puede ser el fútbol, y lo rápido que pueden volverse las tornas”, señala Beckerman.

Tras haber sido ignorado durante tanto tiempo en el plano internacional, Beckerman va ahora camino de competir en su primera fase final de la Copa Mundial de la FIFA. “Lo tengo muy presente, claro”, afirma, reticente y quizás con una pizca de superstición. “Aunque debo ir convocatoria a convocatoria, y cuidar mi cuerpo. Pero es un sueño. Es el sueño de cualquiera que juegue al fútbol”.

En 1999, Beckerman formó parte de un programa experimental puesto en marcha por la Asociación Estadounidense. Se le invitó a participar en un campamento exclusivo enfocado al desarrollo, y se mudó desde su hogar, Maryland, a Florida, donde pudo codearse con los mejores futbolistas adolescentes de todo el país, en un entorno en el que se vivía y respiraba el fútbol, las veinticuatro horas. “Fue una novedad. En Estados Unidos nunca se había hecho algo así”, recuerda. Ahora esa residencia es uno de los pilares del sistema nacional de categorías inferiores. “Éramos muchachos, e ingenuos, pero queríamos que Estados Unidos llegase a ser respetado”.

Y lo consiguieron. Beckerman y sus compañeros DaMarcus Beasley, Landon Donovan y Oguchi Onyewu fueron cuartos en la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA Nueva Zelanda 1999, en su momento la mejor actuación de una selección masculina estadounidense en un torneo de la FIFA desde el tercer lugar conseguido en la Copa Mundial de la FIFA Uruguay 1930.

Así surgió una nueva generación de estrellas, que pusieron a Estados Unidos rumbo a la supremacía regional. Sin embargo, aunque Beasley o Donovan llegarían a convertirse en nombres consolidados, alcanzando los cuartos de final del Mundial con el combinado absoluto tan solo tres años más tarde, Beckerman quedó relegado a un papel secundario. Para él, el camino hacia el éxito ha sido largo.

El trayecto
Se convirtió en profesional de la MLS en 2000, aunque le costó adaptarse. Después de cuatro años, y tras pasar por dos clubes, empezó a acumular bastante tiempo de juego, hasta que por fin, en 2007, se asentó al hacerse un hueco en el modesto Real Salt Lake. “Este club es perfecto para mí. Somos como una familia”, explica. “Jugamos con garra, y nuestra teoría es simple: hay que esforzarse por el compañero. Es algo contagioso”.

En las cinco últimas temporadas, el centrocampista de los inconfundibles rizos ha sido incluido en el equipo estelar de la MLS. Y, como capitán, ayudó a su equipo, farolillo rojo de la liga cuando él llegó, a ganar el título de 2009. Es la encarnación perfecta de la ética del trabajo que impera en la organización del Real Salt Lake, un conjunto sin grandes figuras. “Me enorgullezco de mi regularidad y constancia”, confiesa.

Y es precisamente esa constancia lo que le ha permitido volver a compartir equipo con sus viejos amigos Beasley y Donovan, y postularse como firme candidato a viajar al Mundial. “Ya echaba de menos jugar con ellos”, concluye, recordando aquella primera época con la camiseta de Estados Unidos, cuando se dio a conocer ante el mundo en Nueva Zelanda. “Cada uno tomó su camino, con trayectorias distintas, pero ahora volvemos a estar juntos”.

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