Copa Mundial de la FIFA Alemania 1974™

13 junio - 7 julio

Copa Mundial de la FIFA 1974™

Gerd Müller: "Fue una emoción muy grande"

© Getty Images
  • Revela que en 1974 se desató un infierno en el campo de entrenamiento de Alemania Occidental
  • ​Discute el rival más duro al que se enfrentó en la Copa Mundial
  • Cree que los holandeses se tomaron a la ligera a los alemanes occidentales

Der Bomber pegó diez veces en México 1970. Y, sin embargo, no fue suficiente para apoderarse más que del bronce. Cuatro años más tarde, Gerd Müller y la República Federal de Alemania se impusieron a los favoritos en la final para ganar la Copa Mundial de la FIFA en casa.

El legendario delantero charla con FIFA.com sobre la sorprendente desarmonía de la selección de Helmut Schon en 1974, cómo la derrota ante Alemania Oriental fue una bendición encubierta, su acrobático gol en la final, el rival más difícil al que se enfrentó y el levantamiento del trofeo.

Señor Müller, usted ha participado en dos Copas Mundiales de la FIFA, la de 1970 y la de 1974. ¿Qué recuerdos guarda de ellas?

Para mí, la Copa Mundial de México en 1970 fue mucho mejor que la de Alemania en 1974. En México se jugaron partidos de mayor categoría, en la selección alemana reinaba una mayor armonía y apenas había peleas, al contrario que en 1974, lamentablemente.

¿Entonces, los partidos fueron mejores o sencillamente había más armonía?

Nuestra mejor selección fue la de 1970. Aunque muchos consideran superiores las selecciones de 1972 y 1974, para mí el equipo de 1970 fue el mejor que tuvimos.

¿Quién fue su marcador más difícil?

¡Rosato! El italiano Roberto Rosato. Era un auténtico marcador al hombre, pero todo un caballero. Sólo me agarraba y me arañaba de vez en cuando. En la segunda mitad, tras la reanudación, me encontré de repente en el área penal y pensé: "Un momento, ¿dónde se ha metido Rosato?". Miré alrededor y ya no estaba. Ya no estaba jugando. Sufrió una lesión en la rodilla, y en su lugar entró Burgnich, que no era un marcador al hombre, sino un mediocampista. No jugaba pegado al cuerpo sino dos o tres metros por detrás de mí. Así que enseguida empecé a recibir balones, lo cual era imposible con Rosato. Con él era imposible recibir la pelota si no ibas a buscarla, porque Rosato estaba siempre ahí. Pero no empleaba malas artes, todo hay que decirlo.

¿Hubo algún gol que pueda usted destacar especialmente, del que pueda decir que fue su gol más bonito, más importante?

Mi gol más importante fue el que marqué en la final contra Holanda. Pero el gol contra Inglaterra fue el más bonito. Grabowski centró, Hannes Löhr cabeceó hacia atrás elevando el balón por delante de la portería, y yo rematé levantando la pierna en el aire. Ya no sé muy bien cómo me las arreglé para levantar tanto el pie y enviar el balón a la red. ¡Pero entró!

¿Qué le parece esa hazaña en comparación con el triunfo en la Copa Mundial? ¿La una es un éxito personal y la otra un éxito colectivo?

Debo decir que todas las selecciones de 1970 eran más fuertes. Marruecos fue quizá nuestro adversario más débil, pero todas las demás escuadras tenían futbolistas de gran categoría. Nunca se podía abordar un partido pensando que sería fácil tumbar al equipo contrario. Había que trabajarse las victorias.

El mayor éxito fue conseguir el título mundial con la selección.

¿Y la hazaña de los diez goles en 1970?

Carlos Alberto había marcado siete goles, y nosotros fuimos a la final con la esperanza de que no marcara otros tres.

Su mayor logro fue entonces el título mundial de 1974...

Pero en 1974 no jugamos bien. Los tres primeros partidos fueron una catástrofe. Había algo que no cuadraba en el equipo.

¿Cómo fue el partido contra la entonces RDA? ¿No fue aquello una desgracia en aquel tiempo?

Sí. Y, sin embargo, luego resultó una suerte haber perdido, porque de otra forma habríamos acabado en el otro grupo. Si hubiéramos ganado, habríamos quedado encuadrados con Holanda y Brasil.

Pero seguramente habría muchas críticas en el país tras la derrota...

Naturalmente. En nuestra concentración se desataron los demonios porque habíamos perdido. Helmut Schön estaba muy enfadado, y estuvimos discutiendo hasta altas horas de la madrugada cómo podía haber ocurrido aquello. En condiciones normales, no habría pasado. Teníamos que haber ganado. Luego hubo discusiones sobre quién era mejor mediocampista, si Overath o Netzer. En retrospectiva debo decir que los jugadores nos equivocamos. Porque Overath era mejor jugador. Es un jugador más competitivo que Günter Netzer.

Es bien sabido que Günther Netzer dijo que Overath nació para la selección nacional.

Sí, Wolfgang Overath era un luchador. Luchaba los noventa minutos. Ése precisamente fue nuestro error. Como habíamos jugado tan bien con Netzer en el Campeonato Europeo, nos cegamos un poco y dijimos: "Debe jugar él". Eso fue un error: tenía que haber jugado Overath porque era un futbolista más competitivo. Overath sólo jugaba en la segunda mitad. Entonces le dijimos a Schön que tenía que hacer cambios. Contra Yugoslavia entraron cinco nuevos jugadores, y las cosas empezaron a marchar. A partir de ahí, jugamos bien.

¿Quiere decir que los jugadores decidieron la alineación?

Nosotros le dijimos a Schön: "Tienes que hacer algo porque, si no, nos van a eliminar".

¿Qué pensó después de caer en desventaja tan temprano ante Holanda?

Nos quedamos pasmados. Pero al final nos vino bien que los holandeses marcaran su gol al principio. A raíz de eso, nos subestimaron. Empezaron a jugar más relajados, hasta que se dieron cuenta de que los alemanes habíamos regresado al partido. Entonces volvieron a apretar de nuevo con todas sus fuerzas.

¿En qué momento se percató de que podían ganar el partido? ¿Después de su gol?

Después del gol todavía no. Significó el 2-1, pero aún no habíamos llegado al descanso. A los 20 minutos de la reanudación, no dejábamos de mirar el reloj. Parecía como si el tiempo no pasara. Era para volverse loco. Pero por fin llegó la terminación.

¿Qué sintió mientras estaba de pie en la tribuna y al levantar la Copa con las manos?

Fue una sensación magnífica. Es algo extraordinario ser campeón del mundo y sostener esa Copa con las manos.

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