Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006™

9 junio - 9 julio

Copa Mundial de la FIFA 2006™

Italia conquista el Mundo, Alemania gana amigos

El trofeo futbolístico más codiciado ya tiene dueño. Sin embargo, los azzurri de Marcello Lippi no son los únicos que pueden celebrar un gran triunfo tras una Copa Mundial de la FIFA en la que tanto los jugadores como los anfitriones alemanes dieron a los amantes del fútbol muchos motivos para sonreír.

Desde la victoria de Alemania contra Costa Rica en el partido inaugural de Múnich, el 9 de junio, hasta el triunfo de Italia ante Francia en la final de Berlín, exactamente un mes después, lo sucedido en Alemania cautivó de principio a fin a una audiencia mundial estimada en más de 30,000 millones de personas.

El espectáculo de la Copa Mundial de la FIFA se estrenó con un reparto de 32 selecciones, de Angola a Ucrania, confabuladas para emocionar y cautivar durante un maratón de 64 partidos y 147 goles, al que asistieron 3,359,439 personas en los 12 estadios (y millones más en las Fan Fests organizadas por toda Alemania).

Al final de la función, Italia se convirtió en la gran estrella indiscutible gracias a un auténtico esfuerzo colectivo. De los 23 hombres de la plantilla de Lippi, 21 jugaron en esta fase final y 10 de ellos anotaron goles. Con una defensa construida en torno al guardameta Gianluigi Buffon y al capitán, Fabio Cannavaro, Italia defendió como la mejor en la historia de la Copa Mundial de la FIFA, al recibir sólo dos goles (uno en propia puerta, el otro de penal).

Hubo muchos más aspectos que admirar, desde la mezcla de seda y acero en la medular con Andrea Pirlo y Gennaro Gattuso, hasta las intrépidas incursiones de los laterales Gianluca Zambrotta y Fabio Grosso. Fue el tanto de Grosso el que inclinó la espléndida semifinal contra Alemania del lado de Italia, y su penal el que selló la victoria en la final.

Adiós a Zidane

Pocos habían previsto la presencia de Francia en la final. Sin embargo, Zinédine Zidane rememoró tiempos pasados para ayudar a los Bleus a despachar a España y Brasil, en su camino hacia la final. Sus esfuerzos le valieron el Balón de Oro adidas, pero, si bien marcó contra Italia (ocho años después de meter dos goles en la final de 1998), no hubo final feliz, ya que concluyó su partido de despedida con una tarjeta roja. Mientras que Zidane ya forma parte del pasado de Francia, las actuaciones de Franck Ribéry en Alemania apuntan a un brillante porvenir.

Portugal también puede sentirse satisfecho consigo mismo, tras alcanzar las semifinales por primera vez desde 1966, con Cristiano Ronaldo volando por los costados y con Ricardo Carvalho y Maniche apuntalando una sólida columna vertebral. Su seleccionador, Luiz Felipe Scolari, se quedó a un paso de llegar a su segunda final seguida, tras su triunfo en 2002 con Brasil.

Otro seleccionador con motivos para estar orgulloso es el de Alemania, Jürgen Klinsmann. Sus detractores tuvieron que tragarse las críticas luego de que su joven selección se llevara el tercer puesto, merced a su atractivo sello de fútbol de ataque y de ritmo trepidante. Alemania concluyó el campeonato como el equipo más realizador, con 14 dianas (5 de ellas, obra del ganador de la Bota de Oro adidas, Miroslav Klose, y otras 3 de Lukas Podolski, el Mejor Jugador Joven Gillette).

"Increíble" Alemania

Más que nada, la Nationalmannschaft de Klinsmann encarnó el espíritu de Alemania 2006. El viejo tópico de la austera eficiencia alemana fue desmontado sobre el césped por Michael Ballack y compañía, que eclosionaron con júbilo en su desacostumbrado papel de segundones. Fuera de la cancha, el público alemán hizo suyo el lema "El mundo entre amigos" y lo cargó de auténtico significado.

Además de su pasión por el fútbol, puesta de relieve por los millones de personas que se congregaron en la Milla del Aficionado de Berlín para ver los partidos de Alemania, el país anfitrión también exhibió una generosidad sin límites hacia sus muchos visitantes. El propio Klinsmann, al dar las gracias a sus compatriotas el 9 de julio en Berlín, pronunció esta sentencia: "Sois increíbles" (palabras que resumen el espíritu de los 1,600 voluntarios del torneo, cuyo grado de organización y de entusiasmo ha sido extraordinarios).

Mientras la fiesta recorría las calles de Alemania, los estadios ofrecieron muchos placeres en los que recrearse. Antes de perder en cuartos de final ante los anfitriones, Argentina ofreció en ocasiones un fútbol deslumbrante y marcó el mejor gol en jugada colectiva de esta fase final, en su humillante 6-0 a Serbia y Montenegro (una combinación de 24 pases que culminó Esteban Cambiasso alojando la pelota en la red). Y, posiblemente, también logró el mejor tanto en acción individual, con la asombrosa volea de Maxi Rodríguez que derrotó en octavos de final a una formidable selección mexicana.

Los modestos dejan su huella

Otros momentos destacados llegaron a cargo de artistas menos conocidos: la minúscula Trinidad y Tobago arrancó un empate sin goles ante Suecia en su debut en una fase final; Ecuador derrotó a Polonia y a Costa Rica para alcanzar la segunda fase por primera vez; y la animosa Australia remontó para ganar a Japón con tres goles en los 10 últimos minutos, en su trayectoria hacia los octavos de final.

Los jóvenes de España y Suiza (que se fue a casa sin encajar ni un solo gol) mostraron cualidades muy prometedoras antes de sus respectivas eliminaciones en octavos. También hubo decepciones notables. Las estrellas atacantes de Brasil, seguramente, sintieron que rindieron por debajo de sus posibilidades, pese a llegar a cuartos de final y a que Ronaldo batió el récord de goles de Gerd Müller en la Copa Mundial de la FIFA. La afición de Inglaterra aportó más color y vistosidad que su selección. Portugal y Holanda vieron demasiadas cartulinas rojas en un choque de la segunda fase con excesivos malos humos. Las selecciones asiáticas no lograron consolidar los avances de sus actuaciones en 2002, ya que se fueron para casa prematuramente.

La segunda fase deparó menos goles (garantizando el promedio realizador más bajo desde 1990) y pocas sorpresas reales, salvo, posiblemente, el acceso de Ucrania a cuartos de final en su primera participación.

Para muchos, los debutantes más brillantes procedían de África. Costa de Marfil dio un auténtico susto tanto a Argentina como a Holanda, pese a perder frente a ambas. Angola arrancó sendos empates ante México e Irán; y la ofensiva selección de Ghana, conducida por Stephen Appiah y Michael Essien, derrotó a la República Checa y a Estados Unidos antes de caer ante Brasil en octavos de final.

Todas estas selecciones habrán salido reforzadas de sus experiencias en tierras alemanas, al igual que el desafío global para toda África en su propio territorio, dentro de cuatro años. El mayor espectáculo futbolístico se traslada a Sudáfrica en 2010: un nuevo escenario, un nuevo continente, pero, sin lugar a dudas, la misma magia de siempre.