Copa Mundial de la FIFA México 1986™

31 mayo - 29 junio

Copa Mundial de la FIFA 1986™

Burruchaga: "Valió la pena romperse el alma por el trofeo"

© Getty Images

Señor Burruchaga, ¿qué importancia ha tenido la Copa Mundial de la FIFA en su vida?
Ha sido muy importante. Creo que todo futbolista, cuando se inicia, tiene como objetivo más importante el jugar para su selección. En el año 85', cuando Argentina logra clasificarse para México 1986, uno se pasaba el año pensando en ser citado. A mí me tocó en un momento particular, porque me fui a jugar a Francia, que representaba un mundo distinto en el que no sabía si iba a rendir o no. Pero Carlos Bilardo me dijo algo que nunca olvidaré: "Si andás bien, vas al Mundial. De lo contrario, no te llevo". Por eso vivía pensando en eso y sacrificándome, pero valió la pena. Los de México fueron los dos meses más felices de mi vida.

¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de una Copa Mundial?
La de 1978, obviamente. También observé Alemania 1974, pero es una etapa muy lejana y no teníamos tantos televisores. En el 78 sí, se jugó en Argentina y yo tenía 14 años. Miraba todos los partidos y salía a festejar a las calles en cada victoria junto a mis amigos del barrio. Y ni hablar luego de la final: me fui al centro a festejar algo que parecía imposible, ¡gritar campeón del mundo por primera vez!

Ocho años más tarde, en 1986, logró capitalizar ese sueño como pero como jugador. ¿Qué sensaciones recuerda haber vivido en México?
Son sensaciones fuertes. La primera de todas estuvo relacionada con el hecho de que Carlos (Bilardo) tomó la decisión de viajar un mes antes de comenzar el torneo. Y nunca me olvido que cuando arribamos a México, por ser los primeros, teníamos a todo el periodismo encima. Y lo imborrable de mi mente era el hecho de ir arriba del autobús escoltados por la policía, que evitaba que se nos acerque la gente. No entendíamos nada... A partir de allí nos dimos cuenta de lo que estábamos afrontando, adónde habíamos llegado y la importancia que tenía el Mundial. A partir de esa llegada nos empezamos a motivar, a concentrar y a ponernos como objetivo el hacer un gran torneo. Nosotros no habíamos llegado bien...

Imaginamos que, con esa experiencia a cuestas, las sensaciones cambiaron cuatro años más tarde, en Italia 1990...
Claro, cambia. Desde varios lugares: por la experiencia adquirida previamente y por la diferencia de contexto entre. Lógicamente, Italia parecía mucho más lindo para jugar el torneo, ¿no? Pero el objetivo y las ganas eran las mismas. Lo que sí cambiaba, quizás, era la posibilidad de poder hablarle a los compañeros que debutaban en un Mundial. Explicarles lo que se está jugando y que se tiene a un país entero detrás, porque a veces uno no se da cuenta de que se está defendiendo a los colores de tu país. Quizás la gran diferencia era que nosotros ya habíamos sido campeones cuatro años antes.

En ese torneo, si bien Argentina fue finalista nuevamente, la imagen dejada desde lo futbolístico no fue la mejor. ¿Qué recuerda de aquella final ante Alemania? ¿Cree que fue una final bien jugada?
No, lo que yo recuerdo de esa selección es algo que pocos valoraron: nosotros tuvimos enormes problemas de lesiones y suspensiones, además de haber perdido el primer partido ante Camerún. Y así y todo, ese equipo llegó a la final batiendo a las candidatas a quedarse con el título, como Brasil, Yugoslavia e Italia, que era local. Ese grupo nos demostró a todos los argentinos el orgullo de defender los colores como decimos comunmente: a morir. Eso es lo que más rescato de la final. Tengo en claro que Alemania mereció ganarla, aunque no de la manera en que lo hizo: seguimos pensando que no hubo penal en la jugada decisiva, aunque sí hubo uno de (Sergio) Goycochea a (Guido) Buchwald en el primer tiempo que el árbitro no vio. Pero sí, Alemania mereció ganarla, así como nosotros lo merecimos en 1986. Fue mejor que nosotros, aunque esa selección argentina volvió a la final, lo que no es para cualquiera.

Entonces mantiene que no hubo falta de Roberto Sensini sobre Rudi Völler en en la jugada decisiva...
Para mí no, no es penal, Sensini toca la pelota y Völler choca con la pierna. Como dije antes, sí creo que hubo penal de Goycochea en el primer tiempo que fue mucho más claro. Fue una pena, porque nosotros queríamos llegar a los penales y lo estábamos logrando. Lamentablemente, con esa decisión equivocada nos terminan ganando bien. Nunca lo negamos.

En 1986 les había tocado a ustedes, pero aquella noche de 1990 el trofeo fue para Alemania. ¿Qué recuerda de la ceremonia de premiación?
Las sensaciones de bronca e impotencia, de saber que estuviste cerca... Pero en lo personal nos sentimos tranquilos, porque tuvimos muchos inconvenientes y así y todo llegamos a la final. Y eso que la jugamos sin (Sergio) Batista, (Ricardo) Giusti, (Julio) Olarticoechea y (Claudio) Caniggia. Eso, sumado a que las lesiones de (Oscar) Ruggeri, (Diego) Maradona y yo que casi no nos dejan jugar. Oscar tuvo que salir en el primer tiempo, y Diego aguantó porque es Diego... Por eso digo que, más allá de toda la bronca que teníamos, salimos con la tranquilidad de haber hecho lo imposible por lograr el objetivo. Nos ganaron por muy poquito.

Háblenos de Carlos Bilardo. ¿Qué clase de entrenador es?
La verdad es que hoy, los que somos entrenadores aplicamos muchos de sus métodos. ¡La diferencia es que él lo hacía en 1983! Es un tipo que vive con intensidad las 24 horas del día, que no para e intenta estar en todos los detalles. Les voy a dar un ejemplo: no le gustaba ver a los jugadores poniéndose las manos en la cintura durante un entrenamiento, porque lo consideraba una muestra de cansancio hacia el rival. Ya en esa época, se la pasaba viendo vídeos todo el tiempo. Eso no era común en aquel entonces, e incluso diría que logró una transformación en el fútbol argentino. No era fácil, ¿eh? Era una máquina de tirar conceptos que, a veces, podían aturdirte un poco. Luego, con el tiempo, fuimos asimilando su estilo y nos dimos cuenta de que estaba avanzado en todo. Predijo todo lo que iba a suceder en el futuro del fútbol.

¿Es cierto que no festejó el título de 1986 porque les habían marcado dos goles de tiro de esquina en la final?
Tal cual. Él tenía una frase durante nuestra preparación, antes de juntarnos a concentrar. Decía que yo tiraba un centro, Ruggeri lo cabeceaba en España y otro buscaba el rebote en Italia. Ya pensaba en cómo nos íbamos a distribuir, incluso cuando estábamos desparramados por toda Europa. Le daba mucha importancia a la pelota parada. Entonces nosotros íbamos ganando fácilmente 2-0 esa final y nos empatan con dos goles de tiro de esquina. Eso lo dejó triste, es verdad. Entonces resoplaba e insultaba incluso después de la victoria 3-2 y mientras nosotros estábamos súper felices. Así era él: a veces terminabas un partido contento con tu actuación y él venía a remarcarte los errores cometidos. Eso sí, siempre en función de progresar.

El partido más recordado de México 1986 fue, para muchos, el de Argentina e Inglaterra. ¿Qué podría decirnos de aquel encuentro?
Nosotros preferíamos jugar con Inglaterra y no con Paraguay, porque ya habíamos enfrentado a Uruguay y sabíamos lo difícil que era chocar con otro sudamericano que ya nos conociera. Pero intentamos diferenciar todos los problemas que hubo entre ambos países con lo estrictamente deportivo. Queríamos ganar para llegar a la semifinal, porque sabíamos que si lográbamos esa victoria teníamos grandes posibilidades de llegar muy lejos.

Aquella tarde quedará en la historia como la de los goles de Diego Maradona...
Así es, a mí me tocó vivir ese gol histórico que sigue siendo, en mi opinión, el mejor de todos los Mundiales. Inicié la jugada a su lado, cuando hace el giro en la mitad de cancha, y seguí acompañándolo. Lo increíble de Diego es la capacidad para hacer algo así en un terreno que no estaba en muy buenas condiciones. Porque lleva el balón pegadito al pie, algo que yo no pude hacer en la final ante Alemania. Si vuelven a ver el video de mi gol, la pelota se me va como dos o tres metros hacia delante. Pero a él eso no le sucedía, porque los genios son así. En el final de la jugada, llega un momento en que parece que me va a dar el balón a mí, aunque ese amago era para el último defensor que lo salía a cruzar, aunque me engañó a mí también. Y cuando va a definir, tiene incluso la inteligencia de arrojarse al suelo al igual que su marcador... Cuando termina la definición, no me olvido que salió corriendo para la esquina y me fui con él. Lo primero que me salió gritarle fue un insulto típico nuestro: "¡Sos un hijo de p...! ¡El gol que hiciste!". Pero se lo dije a modo de felicidad, porque era imposible hacer ese gol y en el estado que tenía la cancha. Sin embargo el genio lo pudo, se desplazó como un bailarín por el escenario. Eso era Diego, que resumió en esa jugada todo lo grande que fue como futbolista.

¿Y qué podría decirnos del primer gol? ¿Usted vio que era con la mano en ese momento?
Sinceramente no, hasta yo me la creí. En esa jugada estaba del lado opuesto, a la izquierda de él, y pensé que la había metido con la cabeza. Sobre todo porque (Peter) Shilton no tenía tanto despegue y había quedado mal ubicado. ¿Pero ven? Hasta en eso fue grande: simuló un gol difícil y que muchos de nosotros no vimos. Después decía "¡vengan, vamos a festejar!" y, claro, festejamos todos. Así es el fútbol: a veces te juega a favor y a veces en contra. Pero también es cierto que con el segundo gol que narramos anteriormente, tapó todo lo del primero, ¿no? Como que valió por ambos...

Ya que menciona a Maradona, ¿qué importancia tuvo en aquella campaña? ¿Qué cosas lo sorprendían más de él?
Recuerdo que no había llegado bien a la eliminatoria, con mucho arrastre de la temporada terminada en Italia y con mucho viaje. Pero ya en los primeros días de entrenamiento en México se notaba algo distinto. La forma en que trabajaba desde su lugar de capitán contagiaba a todos. Lo veíamos decidido a mejorar la imagen del Mundial 1982, lo que él mismo decía. Estaba motivado y eso era un contagio enorme para el resto. Verlo así nos agrandaba a todos, aunque hay que admitir que si Diego fue superlativo, sus compañeros también lo fueron en ese Mundial.
* ¿Qué ambiente se vivía el día de la final?*
El ambiente en el Azteca era bárbaro. Era un estadio tremendo, muy lindo, aunque sabíamos que el clima era desfavorable para nosotros. El mexicano estaba del lado de los alemanes, aunque nosotros confiábamos mucho en nuestras psibilidaddes. Fuimos de menor a mayor en todo el torneo, y eso debía culminarse con una buena final. Creíamos que Brasil o Francia serían finalistas, e incluso pensábamos que los franceses iban a eliminar a los alemanes en la semifinal. Pero tocó Alemania. En el momento de ir a la cancha uno piensa que está a un paso de la gloria, de terminar eso por lo que tanto se ha sacrificado. Todo eso se cruza por la cabeza cuando suenan los himnos.

Ese momento fue descripto por varios de sus compañeros como el de mayor emoción. ¿Es así?
Sí, claro. Causa una emoción y una motivación enormes. Te recuerda que estás representando a un montón de gente y a tu familia, un momento inalcanzable para muchos futbolistas.

Por ahí, en el momento uno no se daba cuenta de eso, pero cuando pasa el tiempo y ves a otros jugadores en esa situación, se recuerda y comprende la importancia que tiene. Entre nosotros, por ejemplo, era la gran motivación: yo estaba al lado de (Jorge) Valdano y nos veíamos las caras. Era un contagio muy grande y especial, difícil de describirlo con palabras.

En aquella final, el primer gol argentino llega de un tiro libre suyo y un cabezazo de José Brown. ¿Tenían practicada esa jugada?
Muchísimo. Todo lo que era pelota parada desde el costada era ejecutada por mí o por Maradona, y teníamos que hacerlo bien abierto, contrario a lo que se hace en la actualidad. Teníamos muy buenos cabeceadores como el Tata mismo, Ruggeri, Batista, (José) Cuciuffo, Giusti... Siempre ganaban de arriba.

Lo bueno es que todo lo practicado salió bien en el día indicado. Muchos adjudicaron ese gol a una mala salida del arquero, pero el fútbol también se trata de errores, ¿no? Después nos equivocamos nosotros y nos empataron.

¿Pensaban que el partido estaba terminado con el 2-0 a favor?
Sí. Después del gol de Valdano pensábamos que ya no se nos iban a venir más. Bilardo siempre nos decía que a los alemanes, entre comillas, había que matarlos para que no resurjan. Y fue así: ellos vinieron y consiguieron un empate que, en muchas situaciones, habría terminado con una derrota para nosotros. Pero el equipo tuvo tranquilidad, confianza y seguridad poco comunes para un momento como ese. Hubo silencio, con "miradas cómplices", tal como lo definiera luego Valdano. No hacía falta gritarse para saber que había que ir a buscar el tercer gol.
Pero Argentina fue campeón del mundo porque fue valiente, el mejor equipo, y por eso no desesperó. Fue a buscar lo que merecía y lo consiguió, que era ganar la Copa del Mundo.

¿Qué hablaba con Maradona antes de reiniciar el juego?
Insultábamos, no podíamos entender como nos podían empatar ese partido. Pero yo le decía "bueno, vamos que lo ganamos". Esa era la sensación de todos, no había gritos ni culpas repartidas. Si bien a veces en el fútbol no cuentan los mereciminetos, esta vez nuestro título fue justo.

Y llegó su gol, el decisivo...
La jugada se inició con de un pelotazo de ellos, que rechazó Ruggieri cerca de nuestro área. El Negro (Héctor) Enrique ganó el rebote y le dio el pase a Maradona casi en mitad de cancha. Cuando ví que la pelota iba para Diego, interpreté que los alemanes iban a jugar al fuera de juego. Por eso aparecí por el lado opuesto al nuestro y le grité a Diego, que estaba medio de espaldas. Después, con el tiempo, me dijo que no me escuchó, algo posible para alguien que jugaba como si tuviera ojos en la nuca.

Entonces él me tiró la pelota ahí adelante y empecé a correr. Me marcaba (Hans-Peter) Briegel, aunque nunca lo ví ni escuché tan cerca de mí. Es increíble, porque muchas veces me preguntan si adelanté de más el balón, si Schumacher salió tarde, si no escuché a Valdano que me acompañaba por la izquierda, si creía que Briegel me iba a alcanzar... pero mi concentración estaba puesta en la lejanía del arco solamente. Lo que sí se veía bien era que Shumacher estaba todo de amarillo, por lo que era más fácil de visualizar y, a la vez, entender lo lejos que estaba del arco. Fue una carrera de casi 40 metros, que culminó con un toque de derecha. La intención era picar el balón por arriba, pero le pasó por intermedio de las piernas.
No ví a Valdano, ni escuché a Briegel, pero sí creo que fue la carrera más larga, felíz y difícil de mi vida. Cuando fui a festejar me arrodillé, extenuado, y al primero que ví llegar fue a Batista. Llegaba cansadísimo y se arrodilló enfrente mío con esa barba que tenía... siempre digo que fue como ver a Jesús, que nos decía que teníamos que ser campeones del mundo.

Cuando volvíamos a la mitad de cancha Valdano me decía "ahora sí, somos campeones del mundo". Teníamos lágrimas de felicidad, porque faltaban apenas tres minutos.

¿Y en el silbatazo final? ¿Qué cosas se le cruzaron por la cabeza?
Bilardo me había sacado después del gol, por lo que terminé viendo el partido al lado del Negro (Néstor) Clausen. Fíjense lo lindo que es el fútbol, que terminé viviendo la consagración junto a uno de los grandes amigos que me ha dado el fútbol. Lo vivimos con intensidad, deseando que se termine lo más rápido posible. El primer gran abrazo lo tuve con él, y de ahí nos fuimos a saltar y a festejar. Fue grandioso.

Luego llega el momento de la premiación y aparece el trofeo...
Yo fui de los últimos en agarrar el trofeo. Diego fue el primero, obviamente, y después venían Nery (Pumpido) y los demás. A mí me lo pasó (Carlos) Tapia, aunque lo tuve apenas unos segundos en mis manos. Le pude dar un beso, levantarlo y agradecerle a Dios. Las fotos las sacamos más tarde, lo mirábamos y nos parecía algo increíble. En el momento no te das cuenta de lo que acabás de hacer, aunque quizás lo entendimos cuando volvimos al país y vimos toda la gente. Fue impresionante, más allá del trofeo, el hecho de decirte "campeón del mundo". Esas palabras son mágicas.

¿Qué opinión le merece el trofeo?
¡Es hermoso! Y valió la pena romperse el alma por él. Te hace pensar en tantas cosas: en las eliminatorias, en lo duro que fue todo. A nosotros nos costó un montón: el proceso de Bilardo fue castigado y muy duro, aunque ahora tenés la Copa y te decís que valió la pena, que formaste un gran grupo y lograste muchos amigos en torno a ese objetivo. Todo por lograr esto, ¿no? No hay plata para todo esto. Es la gloria, y eso no tiene precio.

Se emociona después de tanto tiempo...
Por eso lo digo, creo que cuando se alcanza algo fuerte, en cualquier profesión, en el momento no se da cuenta. Ahora tengo esa copa y me pongo a memorizar un montón de momentos, resumo así que valió la pena todo: esforzarte, dejar de disfrutar un montón de cosas como cualquier otro chico de 20 años... Hoy puedo decir que lo hicimos y cumplimos el deber.

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