Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014™

12 junio - 13 julio

Copa Mundial de la FIFA 2014™

Kiana, con el corazón partido

© FIFA.com

"¡Próxima parada, Maracaná!" La voz alegre y melódica de Luiz Penido, uno de los comentaristas deportivos más conocidos en Río de Janeiro, resuena por la megafonía de la línea 2 del metro de la metrópolis brasileña. Entre la muchedumbre del vagón más abarrotado de todos, Kiana Meyer comprueba rápidamente que sigue teniendo todas sus pertenencias e intercambia miradas con sus colegas. Se apea del convoy junto con dos voluntarios mexicanos y emprende el camino a pie hasta su centro de trabajo: el bloque 536 del sector verde en el estadio de Maracaná.

Esta estudiante de empresariales de 23 años originaria de Colonia fue voluntaria entre el 12 de junio y el 13 de julio de 2014, un período en el que disfrutó de uno de los lugares de trabajo más solicitados del planeta. Nada menos que 152.101 personas rellenaron su solicitud, pero Kiana fue finalmente una de las cerca de 15.000 que consiguieron un puesto de voluntariado en la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014™. La alemana se describe a sí misma como un "punto de información andante", y siempre estuvo lista para prestar ayuda a todos los aficionados que pasaron por este recinto de 74.000 asientos, ya fuese para encontrar su localidad, una barra donde comprar bebida o para llegar lo antes posible al baño más cercano.

Además, ataviada con su uniforme azul, también ejerció de codiciada modelo para posar en infinidad de fotos. "Me sentía como una estrella en mi trabajo. Los aficionados me pedían muchas veces fotografiarse conmigo y me preguntaban un montón de cosas", recuerda con ilusión en su charla con FIFA.com. En las siete jornadas que se disputaron en el Maracaná, no hubo ni una sola pregunta que Kiana no respondiese con gusto y una sonrisa encantadora.

De compañeros a amigos
Unas veces se comunicaba en portugués, otras en inglés o alemán —su idioma paterno—, e incluso llegó a aclarar algunas cuestiones en español. Y si se daba el caso de que no encontraba un idioma común con su interlocutor, entonces recurría a las manos y a los pies, tal y como recuerda con una gran sonrisa.

Hija de padre alemán y madre brasileña, la Copa Mundial fue muy especial para ella. Abierta al mundo, políglota, multicultural, cordial... Kiana encarnaba el paradigma de los voluntarios. Durante la prueba reina, vivió junto con dos ayudantes mexicanos, Oscar y Emiliano, en casa de su abuela en Leblon, un barrio de Río de Janeiro. Un 7,42 % del voluntariado procedía de otros países. Kiana fue una de las 352 asistentes que viajó desde Alemania.

Prácticamente la mitad de los voluntarios tenía entre 18 y 25 años y, por lo tanto, eran de la edad de Kiana. Casi todos los días de partido, así como los días libres, quedaba con sus compañeros y compañeras de trabajo, y de las cenas y actividades conjuntas se forjaron buenas amistades. Animaban a las selecciones de otros voluntarios y compartían la alegría de los goles o el desconsuelo por su eliminación. "Cuando cayó México me puse muy triste y pasé el mal trago junto a mis amigos mexicanos".

Sin embargo, hubo un día concreto en el que alegría y tristeza se mezclaron especialmente en el interior de Kiana. Provista de una camiseta de la Mannschaft y una bandera de Brasil, Kiana salió de su vivienda en Leblon acompañada de Emiliano, a quien ella misma le había pintado en la cara la bandera de Alemania, y de Oscar, a quien su abuela le había pintado los colores de Brasil en el rostro. Acudieron a la FIFA FanFest™ de Copacabana, donde vieron la mayoría de partidos de la Copa Mundial que no se disputaron en el templo de Río. Entre ellos, cómo no, la semifinal entre el combinado anfitrión y la selección alemana.

Una parte del todo
En aquel memorable 8 de julio de 2014, dos corazones latían simultáneamente en el pecho de Kiana. "Después del tercer gol, ya no sabía qué hacer: si reír o llorar. Los brasileños que tenía a mi alrededor empezaron a derramar alguna que otra lágrima. Algunos decidieron volver a casa incluso antes del descanso. Además, cuando acabó el partido, empezó a llover a cántaros. La ciudad entera de Río lloraba. ¡Fue dramático!"

El impacto de aquella derrota por 1-7 caló hondo en Kiana, su abuela, los voluntarios brasileños... En definitiva, en todo Brasil. Pero a los dos días el ánimo comenzó a repuntar y el país entero esperaba ilusionado la final. La admiración por Alemania era extraordinaria. Ya fuese en un restaurante o por la calle, cada vez que Kiana hablaba de sus raíces germanas la reacción era la misma: "¡Ohhh, Alemanha!". Y siempre la misma petición: "¡Tenéis que ganar a Argentina!".

El día de la final, Kiana volvió a comprobar minuciosamente su uniforme y se aseguró de que la camiseta de Alemania, que hoy se había puesto debajo excepcionalmente, no se transparentase demasiado. "Estuve nerviosa todo el día. La tensión y la rivalidad se palpaban en el estadio. Con todo, la armonía reinó en el ambiente", señala.

Kiana asegura que vivió el gol decisivo de Mario Goetze en el minuto 113 como a cámara lenta. Acto seguido, el ruido a su alrededor era ensordecedor. Los hinchas alemanes se abrazaban los unos a los otros, saltaban, bailaban y gritaban, mientras los albicelestes se echaban las manos a la cabeza o se tapaban el rostro y se hundían en sus asientos de pura decepción. Ella misma permaneció inmóvil unos instantes: "Me quedé petrificada, pero Emiliano vino hacia mí y me hizo reaccionar".

En el estadio de Maracaná, la voluntaria germano-brasileña recibió muchas felicitaciones por la cuarta estrella de parte sus compañeros, quienes se habían convertido ya en buenos amigos después de cuatro semanas muy intensas. "Muchos se acercaron para abrazarme".

Casa en todo el mundo
Ahora, cada vez que Kiana ve por televisión algún reportaje del torneo en el piso que comparte en el centro de Colonia, le vienen a la memoria miles de recuerdos. "Siento que he ayudado a escribir la historia. Me da pena que se haya terminado. Fue el mes más intenso de mi vida. Me sentí parte del Mundial. Fueron tantas experiencias, que todavía estoy asimilándolas".

El intercambio de vivencias acumuladas en aquella aventura inolvidable es constante con todos los amigos nuevos que ha hecho en Facebook. "Ya estamos buscando una fecha y un lugar para reencontrarnos". Y otra gran ventaja: "Ahora, cuando quiera irme de viaje, sé que tengo una casa en casi todos los países del mundo. Nos hemos convertido en una gran familia".

Los voluntarios han dejado su huella en la Copa Mundial, pero la Copa Mundial también les ha regalado una preciosa historia que les acompañará el resto de sus vidas. Kiana y sus nuevos amigos entendieron perfectamente el lema del torneo, "Todos al mismo ritmo", y lo vivieron al máximo.

El mundo del fútbol dice: "¡Obrigado!"

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