Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014™

12 junio - 13 julio

Copa Mundial de la FIFA 2014™

Maturana: "Lo de Andrés pudo pasarle a cualquier colombiano"

Hace ya 20 años, un 5 de septiembre de 1993, Colombia sacudió al mundo futbolístico con una actuación para el recuerdo: goleó 5-0 a Argentina en Buenos Aires, clasificó para la Copa Mundial de la FIFA™ de Estados Unidos y se convirtió, según las palabras de Pelé, en el “máximo candidato” a ceñirse la corona en Norteamérica.

No obstante, la historia le tenía deparado un final bien diferente a aquel equipo de Francisco Maturana. Los* cafeteros* fueron derrotados por Rumanía y Estados Unidos en primera fase, por lo que retornaron a casa en un clima social enrarecido por factores externos a lo futbolístico. De aquella goleada histórica, la experiencia fallida en Estados Unidos y el asesinato posterior de Andrés Escobar nos habló Francisco Maturana en la segunda parte de su entrevista exclusiva con FIFA.com.

Pacho, en septiembre se han cumplido 20 años del famoso 5-0 que Colombia le propinó a Argentina en Buenos Aires. ¿Le cansa ya hablar del tema?
Yo de ese tema hablo poco porque para mí, más allá del resultado, se trató de conseguir los puntos necesarios para ir a un Mundial. Lo otro fue circunstancial, ninguno de nosotros nos lo creímos. Más allá de que la gente tenga todo el derecho de decir lo que quiera, el jugador de Colombia y los técnicos de Colombia siguieron siendo iguales antes y después del partido. Entendimos que fue un encuentro en el que se dio un resultado, pero en ningún momento nos cambiaba la vida.

Es cierto que Colombia necesitaba el empate para asegurar su clasificación al Mundial de Estados Unidos, pero un resultado 5-0 en el Estadio Monumental no es un hecho menor. ¿Qué recuerda del vestuario tanto antes como después del partido?
El ambiente era más asimilable antes del partido. Ésa era una generación que se juntaba, ya habíamos jugado contra Argentina dos partidos en la Copa América de Ecuador y en los dos habíamos quedado empatados: uno con roce y otro con fútbol. Y también habíamos jugado un partido en Barranquilla en el que, para mí, Colombia fue mucho más que en Buenos Aires. Entonces teníamos que definir cómo íbamos a jugar esa vez: ¿había que meter o había que jugar? De todas maneras, Colombia estaba dispuesta: y tenía jugadores que, como alguien me decía, eran grandes, fuertes, veloces y con gol. Y amanecieron ese día en buen estado, además de que tuvimos a un buen (Oscar) Córdoba. Y listo. Nosotros pensábamos que clasificábamos al Mundial, no sé si ganábamos o no, pero estábamos claritos que ahí no perdíamos. Ya lo demás fue un plus que ganamos. Pero básicamente nosotros teníamos argumentos para defender la clasificación.

Y lograron lo que nadie: irse ovacionados por la afición argentina…
Pero pasa, ¿me entendés? Pasa normalmente en los países que saben de fútbol. Cuando era joven jugué un partido con Nacional en Belo Horizonte. Hacía como 14 años que Cruzeiro no perdía ahí y terminamos ganando nosotros. Cuando vi que la gente se aglutinaba, empecé a pensar lo peor: ‘vamos a tener que correr acá’. Y alguien me dijo ‘ Francisco, la gente que sabe de fútbol no reacciona así, vas a ver que nos van a aplaudir’. Y nos aplaudieron. Entonces pasa lo mismo: en cualquier otro país que no tenga la historia que tiene Argentina seguramente estaríamos corriendo todavía. Pero en Argentina la gente sabe reconocer.

Usted manifestó alguna vez que ese equipo colombiano tenía la virtud de unir a un país que, contrariamente, se encontraba atravesando un momento de violencia y desunión. ¿Es así?
Sí, ésa es la magia del fútbol. Es un equipo al que todavía la gente recuerda porque sus jugadores, más allá de lo que expresaban en el campo, eran seres humanos maravillosos que con su ejemplo, con su manera de conducir, se encontraron o se abrieron un espacio en el corazón de los colombianos. Cada colombiano se veía reflejado en lo que era ese jugador en la cancha y en la vida normal. Personas bien puestas, bien respetuosas. El respeto por sobre todo, porque es lo que garantiza la convivencia.

Muchos aseguran que esa goleada perjudicó a Colombia en su participación en Estados Unidos 1994, pero poco se habla de las situaciones externas, y ajenas a lo futbolístico, que pueden haber influido en ese momento. ¿Qué puede decir al respecto?
Normalmente ganar nunca hace daño. El tema es que cuando no ganás, quedan abiertas todas las ventanas y todas las puertas para que cualquiera llegue y diga cualquier cosa, justifique o explique una derrota. Nosotros simplemente lo entendimos como cosas del fútbol: nos ganaron, listo. Que si estábamos en buen momento, en mal momento… eso es circunstancial. El hecho puntual es que cuando pitó el árbitro, Rumanía nos ganó. Si fue mejor que nosotros, no sé, de pronto hizo cosas mejores que nosotros. Pero luego viene algo que es importante y es la actitud ante las cosas que nos pasan. Perdimos ese partido y no supimos reaccionar ni recomponer el entorno inmediato. No estábamos en el escenario.

¿Podría explayarse un poco más en el concepto?
Nosotros en el Mundial de Italia 1990 perdimos un partido importante con Yugoslavia, pero teníamos el escenario para componerlo, ¡no hubo drama! Nos quedamos quietecitos en la concentración, hicimos las cosas, asimilamos la derrota y fuimos, empatamos y jugamos el mejor partido con Alemania. En Estados Unidos fue lo contrario: perdimos un partido y el entorno inmediato nos dinamitó. No hubo un punto de encuentro para ver qué había pasado, sino que todo lo que hubo fue confusión. Pero esto es muy difícil que la gente lo entienda, es más fácil decir que nos agrandamos, es más fácil decir que los brujos, que las sillas… cualquier cosa, pero todo pasa por el fútbol.

En ese contexto, es inevitable preguntarle por el asesinato de Andrés Escobar luego de ese torneo.
Es lo mismo, porque da para malas interpretaciones. Hay que reconocer que era un momento difícil de Colombia como país. Era un tema social, no deportivo. Entonces aparece este suceso y hay gente que lo quiere asociar, a decir que fue por el Mundial. ¡Pero no! Fue una discusión que le podía pasar a cualquier colombiano en un momento de intolerancia donde no se discutía, sino que se peleaba. Y no se peleaba a golpes, sino el primero que sacara el revólver. Y Andrés tuvo la mala suerte de estar en el sitio equivocado a la hora equivocada. Pero era uno de los iconos del momento. Pero ese día seguramente mataron no sé a cuántos médicos, cuántos odontólogos, cuántos periodistas… y no trasciende, porque no trascendía a la altura de lo que pudo trascender Andrés. Y se quiso mezclar eso. Eso no tiene sentido porque la única conexión es el motivo de la discusión, pero no fue una cosa programada porque no hicimos esto, aquello o porque no ganamos. No. Era el momento del país donde cualquiera podría haber muerto.

Los tiempos han cambiado, está claro. Pero teniendo en cuenta todo lo que acaba de exponer, ¿qué tan importante es el fútbol en el ánimo social y, en este caso, la clasificación de Colombia para Brasil 2014?
Es muy importante. Albert Camus decía que la patria es la selección nacional de fútbol. En alguna otra parte escuché que cuando la selección absoluta va bien, todo el país pareciera que fuera bien. ¡Y es así! La selección es de todos: de los buenos, de los malos, de los trabajadores, de los vagos. Es un motivo de alegría, es una esperanza por un futuro, es como la rúbrica que certifica que sí se pueden hacer muchas cosas, incluso buenas. No sé, creo que cada colombiano lo asimilará, lo entenderá y será la posibilidad de ser mejores en todas las direcciones.

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